Fernando del blog "En Madrid" me ha celebrado alguna vez las fotos en que muestro las vistas que tengo desde mis ventanas. Suelo elegir la vista al oriente por estar ahí el más magnífico telón de fondo que tiene mi país: la cordillera de Los Andes, majestuosa y bella.
He tomado unas fotos en dos atardeceres diferentes: uno en que todo está sonrosado y el de hoy, que anuncia lluvias y el cielo está oscuro, pero un rayo de sol iluminó los cerros con la nieve propia de la estación invernal y nos regaló unos brillos que ya se quisiera la Scala de Milán para una ópera con montaje de lujo. Por supuesto que la foto no le hace justicia ni puede captar la emoción de ese par de minutos antes de que la luz cambiara.
Les he dedicado este post además a Onlymary de Pamplona, fotógrafa del detalle que sólo se ve --y se muestra-- por una sensibilidad especialmente dotada, y a Jorge S. King que ha tomado en serio su cámara para mostrar lo que hay detrás de lo que muestro acá, en su ciudad de Santiago del Estero por el otro lado de las montañas.
He tomado unas fotos en dos atardeceres diferentes: uno en que todo está sonrosado y el de hoy, que anuncia lluvias y el cielo está oscuro, pero un rayo de sol iluminó los cerros con la nieve propia de la estación invernal y nos regaló unos brillos que ya se quisiera la Scala de Milán para una ópera con montaje de lujo. Por supuesto que la foto no le hace justicia ni puede captar la emoción de ese par de minutos antes de que la luz cambiara.
Les he dedicado este post además a Onlymary de Pamplona, fotógrafa del detalle que sólo se ve --y se muestra-- por una sensibilidad especialmente dotada, y a Jorge S. King que ha tomado en serio su cámara para mostrar lo que hay detrás de lo que muestro acá, en su ciudad de Santiago del Estero por el otro lado de las montañas.


