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martes, 20 de julio de 2010

Increíbles cosas que puede comer un niño ¡y sobrevivir!

Nuestra vida en el campo cuando éramos chicos tenía el encanto de la seguridad -basada en no sé qué en realidad- de que hiciéramos lo que hiciéramos, si no nos veían, estaba bien, y era difícil que no nos viera alguien, teniendo niñeras (en plural), mozos, peones, cocineras, padre y madre dando vueltas por todos lados. Así y todo lográbamos ponernos en peligro y podríamos haber muerto de varios modos y nadie se enteraba. 

Unos ejemplos: recuerdo haberme banqueteado comiendo las cabezas de los fósforos. Me robaba las cajas completas de la cocina y escondida por ahí, me las zampaba junto a un rico postre de minas de lápices de grafito. Les sacaba punta y me las comía hasta no poder seguir por lo chico que quedaban.

Con mi hermano René descubrimos unas larguísimas tiras de Aspirina de adultos (500 mg) y como eran tan malas al paladar, ¡hacíamos competencias de quién era capaz de comer más sin arrugarse por lo ácidas!  En teoría la intoxicación debió de haber sido bárbara, pero no recuerdo nada especial. No me explico cómo dejaban esas cosas al alcance de nosotros en el cajón de abajo de un velador, salvo que estuvieran MUY vencidas ya....¿vencerán en realidad? Otro galardón para nuestros ángeles custodios superdotados.

Otra delikatessen de esa época era comerme la pasta dental que era re mala. Me iba al baño y, empinada, me embetunaba los dedos con eso y lo saboreaba como si fuera una golosina verdadera, de esas que no abundaban porque, si compraban, se esfumaban en un periquete.

13 comentarios:

Gabriela dijo...

ja, ja, ja.
Con mis hermanos nos comíamos las tabletas de chocolate, pero las que eran para preparar chocolate para tomar (que en el Perú llamamos chocolate de taza). Y sobrevivimos a esa patada al hígado.
Definitivamente, los ángeles de los niños viven muy ocupados.

j.a.varela dijo...

Increíble Alemamá! Está hecha no a prueba de malas sino de misiles. Unos canapés de cabezas de fósforos no son para cualquier estómago.

Jorge S. King dijo...

Impresionante lo que te comías AleMamá, realmente que buenos ángeles los cuidaban.
Yo recuerdo de chico haberme liquidado una "cajita" de unas aspirinetas para niños, eran rojas y dulces. No me fue nada bien, me llevaron a lavarme el estómago y estuve internado un par de días.
Otra fue cuando con un hermano nos mandamos un cóctel que tenía todo tipo de jugos de frutas, leche, cacao, cereales y ya no me acuerdo cuantas otras cosas más. También, nos fue mal, la pasamos tirados unos días con asistencia médica. Pero con esa aprendimos.

AleMamá dijo...

La duda que me queda es qué era lo que siempre recuerdo como aspirinas grandes, pero sin letras. Eran como genéricas....pienso que qizás no eran aspirinas de verdad, pero sabían a eso y eso decían que eran.

AleMamá dijo...

Podrá ser que me hacían falta esos complementos como fósforo, carbono, o qué sé yo? sé de niños que comen trozos de paredes, tierra, y otras cosas minerales así.

Winnie0 dijo...

jaja Ale hacer lo prohibido era una tentación...ahora ¡ni loca!! jaja Menudas intoxicaciones y menudo bicho debías ser....Un beso muy cariñoso y "asfixiadito de calor"

Fernando dijo...

Oh... ¿La aspirina se puede comer así, a ver quién tomaba más, en plan heroico? No sé mucho de medicinas, pero creo que podiaís haber tenido un envenenamiento. Y claro, ser envenados por comer ratas o tierra o arañas, estas cosas que les gustan a los niños, bien, pero por tomar aspirinas hubiera sido un poco triste, ¿no?

Lluvia dijo...

Jajaja mi hermana y yo también nos comiamos la pasta de dientes, sobre todo si era de fresa....jaja qué recuerdos!!!

Un abrazote enorme desde el Mediterraneo.

AleMamá dijo...

Lluvia, tanto tiempo.... gracias por venir y dejar huella con tu comentario

INÉS dijo...

¿Y lo de la tiza para que subiera la fiebre?...yo me atiborraba pero nada..no había manera.
El cuadro te lo copio ¡qué bonito!

Mónica Alvarez Lama dijo...

Ale:divertidas tus anécdotas de la niñez.
Mi hermana mayor comía jabón gringo y la menor se comía la mantequilla a cucharadas.Ambas sobreviven de lo má bien.
Saludos desde Ñuñoa

AleMamá dijo...

Monica, para una amante y cultora de la buena mesa, debe sonarte espantoso ¡y lo es! saludos

Hilda dijo...

pensé que era la única a la que le gustaba comer pasta de dientes. Oye, comer fósforos!! que estómago tan resistente!! saludos. Hilda

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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