
Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!
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lunes, 28 de enero de 2013
Castañuelas sonoras

martes, 29 de septiembre de 2009
Con cada lechuga una alegría
Semblanza de un modesto hombre que veía pasar.
Por mi anterior barrio de la calle Hamburgo, solía pasar un un verdulero en un antiguo carretón tirado por un cuidado y orgulloso caballo negro. Era una aparición sacada de otros tiempos, pues de esto hará unos 15 años solamente, ¡nada en el girar del mundo!
Era tan especial este buen hombre con su estampa y su carromato ágil y decorado con verduras, que se le podía seguir la rutina por la ciudad, por los carriles que a diario recorría, pues lo ví temprano pasando por La Reina, luego por Nuñoa para terminar en Providencia, todas comunas del Gran Santiago de Chile.
Era muy especial, pues si vendía pimentones rojos o mezclados con verdes no iban jamás en una caja, no, iban cuidadosamente amarrados en guirnaldas que bamboleaban atrás de su vehículo con sentido estético y simétrico pues eran como cortinas de esos vegetales sobre ordenadas coliflores, zanahorias, lechugas, betarragas, etc, todo con sus colores que marcaban las estaciones del año: sandías en verano, alcachofas entrando la primavera, naranjas en invierno, y todo el año, pues no son de acá, los alegres plátanos amarillos puestos con amor al lado de las barandas.
Se vestía con ropas atemporales también; destacaba un sombrero andaluz, como los que se usan en el campo chileno, que se sacaba para saludar-- como se ha olvidado hacerlo-- ante el menor asomo de una sonrisa de las que provocaba, de simpatía, de incredulidad, y a mí, personalmente, de optimismo: ¡me alegraba el día verlo tan feliz en su humilde y esforzado trabajo!
Muchas veces lo vi pasar acompañado por alguna nieta o nieto, tan orgullosos como el abuelo sentados en el pescante; ella con sus trencitas pasadas de moda, limpias y dignas, y el chiquillo muy derecho y bien dispuesto a ayudar haciendo fuerzas o pesando la mercadería. Eran familia y de las buenas. Gente honrada, motivada, contentos y que contentaban.
Con cada lechuga que vendían daban algo intangible y escaso: alegría.
viernes, 11 de septiembre de 2009
¿Qué hacías el once de septiembre de 2001?
El día que el mundo cambió.

Hay situaciones que nos alteran la vida a tantos a la vez, que conmocionan, que nos marcan hitos tan señeros que no los podemos olvidar y los recordamos con certeza total. De ahí mi pregunta para este meme: ¿Qué hacías tú a la hora de las explosiones de los aviones contra las torres gemelas de Nueva York el 11/09/2001?
Yo estaba en el colegio de mi hija en una reunión semanal que tenía efecto ahí. Comenzaba a las 9:00 y terminaba a las 10:00. En Chile tenemos la misma hora de Nueva York, la ciudad afectada, o sea sucedieron los hechos mientras estábamos reunidas.
Al salir, veo a la Teté, una del grupo demudada con su celular en la mano y nos dice:
_"John (su marido) dice que bombardearon las torres gemelas y que las demolieron, y también bombardearon el Pentágono"
No quería creer y se lo digo, pero me entró tal angustia al no saber si era un ataque masivo de una potencia extranjera o qué, que me puse a temblar como con síndrome de carencia de droga, por lo menos, y me fui al oratorio del colegio a rezar un avemaría --no me daba para algo más complicado-- y de ahí a casa sintonizando la radio de la Universidad de Santiago que jamás daba noticias por trasmitir sólo música, principalmente selecta, pero que interrumpió su programación para hacerlo. Lo único que se me ocurría era pensar que era la tercera guerra mundial sin vuelta atrás.
Llegué a mi casa y Bernardita, la empleada, tenía encendida la T.V y juntas nos pusimos a ver esas imágenes reiteradas todo el día y que todos tenemos en la retina y en los oídos los gritos de los periodiostas y público que observaban el primer incendio y que decían: _"Oh, my God, oh, my God!!!!!" que era justamente lo que yo decía, pues --no me pregunten por qué-- cuando algo amerita pronunciar el nombre de Dios lo hago en inglés, así es que me unía al coro.
Ese mismo día debía sacarme el aparato de un registro de presión arterial de 24 horas, y debía dejar anotados los acontecimientos importantes que pudieran hacérmela subir y, efectivamente, quedó un registro con una subida notoria a esa hora.

jueves, 6 de agosto de 2009
Vida en el campo. Carrizal del Maule
Comienzo una nueva serie de historias mínimas y anécdotas de mi infancia vividas en un lugar cerca de San Javier de Loncomilla, Chile, llamado Carrizal del Maule (Latitud: 35° 42' 0 S, Longitud: 71° 54' 0 W). bajo la sombra del cerro Gupo. Ahí pasé mis primeros años de vida hasta que debí entrar al colegio.
Casa de Carrizal
Nuestra casa de campo era grande, antigua, y con las incomodidades de tener una distribución de corredores hacia el jardín, por el frente y por detrás hacia el patio plantado con olivos, con sus hojas plateadas temblando por el viento, sin contar la huerta y el gallinero que era un mundo por descubrir a mis cinco años, que es la edad de mis primeros recuerdos firmes. Algo he contado acá* en una entrada que casi nadie ha conocido por ser de las primeras en este sitio.
Todas las habitaciones estaban articuladas y conectadas a estos corredores de anchos aleros, muy útiles para trabajar bajo techo cuando el aguacero se dejaba caer, y para descansar a la sombra del verano en el rulo. Salvo cuando alguna innovación cambiaba ese esquema, las casas de campo del Valle Central eran así. Herencia de España, claramente.
Del gallinero se pasaba a la huerta, ambas cosas indispensables cuando se vive lejos de los centros urbanos. En lugares así no había almacén que sirviera cuando se cortaban los caminos o se necesitaba cocinar variado y sano. También teníamos un molino de granos, pesebrera, corral de ganado menor, huerto con frutales y un camino con eucaliptos olorosos y de suaves sonidos. Todo lleno de pitidos de picaflores en la época de las flores.
Todas las habitaciones estaban articuladas y conectadas a estos corredores de anchos aleros, muy útiles para trabajar bajo techo cuando el aguacero se dejaba caer, y para descansar a la sombra del verano en el rulo. Salvo cuando alguna innovación cambiaba ese esquema, las casas de campo del Valle Central eran así. Herencia de España, claramente.
Del gallinero se pasaba a la huerta, ambas cosas indispensables cuando se vive lejos de los centros urbanos. En lugares así no había almacén que sirviera cuando se cortaban los caminos o se necesitaba cocinar variado y sano. También teníamos un molino de granos, pesebrera, corral de ganado menor, huerto con frutales y un camino con eucaliptos olorosos y de suaves sonidos. Todo lleno de pitidos de picaflores en la época de las flores.
La laguna del poleo
Entre la huerta y el gallinero había unas vegas que mantenían un laguito --otros dirían charco-- donde se criaban los patos y que en el verano se cubría de poleo, esa hierba fragante, verde y de hojas pequeñas que aromaba todo el lugar. Todavía lo recuerdo, pegado a mi nariz, como uno de los olores de mi infancia.
Mis hermanos con sus amiguitos hacían unas embarcaciones con las gamelas, especie de cajones donde se cosechaba la uva para la vendimia, y aunque flotaban sobre el barro líquido, ellos se sentían de lo más marineros. Pasaban horas ahí. No sé por qué, pero no recuerdo que haya habido zancudos que nos picaran. Pulgas, sí, en abundancia, con tantos animales dando vueltas por ahí.
Mis hermanos con sus amiguitos hacían unas embarcaciones con las gamelas, especie de cajones donde se cosechaba la uva para la vendimia, y aunque flotaban sobre el barro líquido, ellos se sentían de lo más marineros. Pasaban horas ahí. No sé por qué, pero no recuerdo que haya habido zancudos que nos picaran. Pulgas, sí, en abundancia, con tantos animales dando vueltas por ahí.

sábado, 20 de diciembre de 2008
A la basura, pero bien empaquetados
Sólo me he casado una vez pero he tenido tres argollas de matrimonio por perdérseme cada tanto la que tenía en uso, cosa que no auguraba nada bueno según algunas viejas supersticiones de las tías que de a poco se me han ido, porque era indicio de desgracias en el matrimonio, algo que no ha sido así pues con 37 años de feliz relación considero superados los malos pronósticos, jejeLa primera la perdí al irse por el caño del lavatorio del baño. No se recuperó y hasta ahora dudo de que mi querida argolla luzca en la mano de la novia del plomero que destapó el lavabo.
La segunda se despidió de mí cuando mi hija Tere, de sólo 3 años , se puso a hacer paquetitos minúsculos y primorosos, súper pegados con cinta scotch, donde puso mis anillos que usaba a diario. Junto con la alianza, se perdió un denario de oro que usaba en el dedo para rezar el rosario en lugares poco frecuentes. No era de gran valor pero tenía un plus sentimental para mí. Menos mal que el anillo de compromiso de mi abuela no lo había heredado aún.
También he recordado otra pérdida de cosas valiosas por estar muy bien guardadas como fue bastante dinero que mi esposo puso en un sobre junto con los diarios viejos que le regalamos a un reciclador callejero. Tomamos los papeles, los pusimos en una ruma, y el hombre se los llevó sin saber jamás que se llevaba entre ellos una cantidad mayor que sus ganancias de un mes. Ojalá lo hubiese descubierto, no lo aprovecharíamos nosotros, pero hubiera sido una gran cosa para él.

jueves, 9 de octubre de 2008
Lavando lana en el río

Nuestra tía Sylvia era una mujer digna de pioneros del oeste o de nuestra Patagonia pues, por el puro gusto de conservar una tradición ancestral, cuando llegaba el verano organizaba unos paseos monstruosos al río cercano a su campo, para lavar ahí, en grandes canastos/cestos de mimbre la lana que produjo la esquila de sus ganados de ovejas. Realmente había que tener espíritu para salir a un picnic en que todo debía preparase in situ salvo el pan, que ya se llevaba comprado. A los niños y jóvenes nos entusiamaba el asunto, porque los empleados y las nanas se hacía cargo de hacer el fuego, cocinar, atender, ordenar y lavar todo. Nosotros nos dedicábamos a la parte entretenida que era meternos al río en una parte en que el agua nos llegaba a las rodillas y, entre dos, pescábamos los canastos llenos de lana sucia, tal como salió de las ovejas, y los batíamos haciendo que el agua pasara por las fibras hasta sacarle la tierra adherida a sus hebras. No se le ponía detergente alguno. Todo ultra ecológico.
Del paseo a lavar lana que más me acuerdo, fue cuando yo tenía 19, y fue en la víspera de un viaje largo al sur, a Valdivia, y lo tengo bien grabado porque sin darme cuenta, por desaprensiva, me quemé con el sol de tal modo, que al día siguiente en el tren no soportaba ni el más ligero movimiento del vehículo porque me rozaba la piel sobre la tela del asiento. Los bloqueadores, aún eran algo que se consideraba exagerado y accesorio total, no como ahora en que se exagera en sentido opuesto, pues nos sentimos como en Hiroshima el día de la bomba sólo por tener puesto un factor protector solar de "apenas" 15.
Otra anécdota que tengo grabada a fuego sucedida en esas ocasiones, fue cuando mi hermana Pía, de unos 10 años, se cayó al agua --en la parte baja, que tan brutos no eran los mayores-- pero no se podía parar y la corriente se la llevaba, y se iba y se iba, y se iba.... yo la veía como en cámara lenta y no atiné a nada, me quedé petrificada sentada en mi tumbona. Mi prima Carmen, reaccionó junto con otros, y la sacaron rápidamente, pues en peligro real-real nunca estuvo por la rapidez en que se le ayudó, pero mi pariente me refregó no sé por cuanto tiempo el hecho de que yo me haya quedado en la orilla. Con el tiempo me ha sucedido alguna vez de haberme quedado en un estado similar de paralización ante cosas en las que pude intervenir, pero en general, tengo buenos reflejos y actúo oportunamente en las emergencias. Me da para pensar en las reacciones de las personas. No se puede juzgar muy rápido las reacciones de nadie.
Del paseo a lavar lana que más me acuerdo, fue cuando yo tenía 19, y fue en la víspera de un viaje largo al sur, a Valdivia, y lo tengo bien grabado porque sin darme cuenta, por desaprensiva, me quemé con el sol de tal modo, que al día siguiente en el tren no soportaba ni el más ligero movimiento del vehículo porque me rozaba la piel sobre la tela del asiento. Los bloqueadores, aún eran algo que se consideraba exagerado y accesorio total, no como ahora en que se exagera en sentido opuesto, pues nos sentimos como en Hiroshima el día de la bomba sólo por tener puesto un factor protector solar de "apenas" 15.
Otra anécdota que tengo grabada a fuego sucedida en esas ocasiones, fue cuando mi hermana Pía, de unos 10 años, se cayó al agua --en la parte baja, que tan brutos no eran los mayores-- pero no se podía parar y la corriente se la llevaba, y se iba y se iba, y se iba.... yo la veía como en cámara lenta y no atiné a nada, me quedé petrificada sentada en mi tumbona. Mi prima Carmen, reaccionó junto con otros, y la sacaron rápidamente, pues en peligro real-real nunca estuvo por la rapidez en que se le ayudó, pero mi pariente me refregó no sé por cuanto tiempo el hecho de que yo me haya quedado en la orilla. Con el tiempo me ha sucedido alguna vez de haberme quedado en un estado similar de paralización ante cosas en las que pude intervenir, pero en general, tengo buenos reflejos y actúo oportunamente en las emergencias. Me da para pensar en las reacciones de las personas. No se puede juzgar muy rápido las reacciones de nadie.

martes, 9 de septiembre de 2008
Si el prestar fuera bueno.....

¿Me lo prestas? es sólo por unos días, un rato, una temporada..... palabras fatales; pérdidas anunciadas de lo prestado y de la confianza en un amigo o pariente. He sucumbido a estas peticiones muchas más veces de lo aconsejable y ya no creo en la inocencia de mis civilizadas relaciones sociales.
He sido lectora desde que recuerdo, un poco por mi mala salud de entonces que me dejaba en cama por semanas. No era problema mayor, pues aún estando perfectamente sana, prefería dibujar, recortar, pintar y todo lo que ahora se lo pasan haciendo los niños preescolares. Qué envidia. Nací adelantada, pucha, oh.
Junté muchos libros desde muy chica, pero mi madre me vetaba algunas lecturas por considerar que no eran para mi capacidad lectora aún (aprendí a leer a los 5, en su falda*) y ahí permanecían, en sus estantes, mientras yo los acariciaba por ser suaves; los miraba por sus ilustraciones; los olía por su tinta o los leía cuando me los pasaban.....hasta que mi primo Armando, de mi edad, me los pidió prestados, y yo, a los 9 años, en un arranque de generosidad y falta de experiencia ¡se los entregué TODOS! y todos los perdí. No me devolvió ninguno y a nadie le preocupó, salvo a mi mamá que me advirtió que no podía prestar nada sin preguntarle a ella, pero ya era tarde..... La excepción fueron los Cuentos de Grimm que mi papá me regaló regresando de un viaje y yo no soltaba mi libro, por eso se salvó. Me fascinaba esa versión completa pero en lenguaje sencillo. Hoy los simplifican y acortan tanto que los deforman. C0mentario de vieja, ya lo sé, disculpen a una abuela.
A lo largo de los años he perdido así mis discos, cuando no había música online; algunas joyitas buenas; revistas; juguetes de mis niños que los hijos de los amigos se han llevado para no enojar a sus criaturas; y un largo etc.
Ahora sigo teniendo libros y presto muchos, pero con la advertencia de que yo anoto quién me los tiene y que los cobro, además. Nadie se enoje luego. Guerra anunciada no deja muertos.
Un amigo de mi abuelo decía al respecto: "si el prestar fuera bueno ¡hasta mi mujer prestaría!". Algo de razón tenía el caballero aunque sea exagerado el dicho.
domingo, 27 de julio de 2008
Primeras celebraciones (segunda parte)

Seguiré con algunas anécdotas de mis primeras fiestas. La primera entrega está en este post*
Lo que voy a contar fue una historia más complicada y fue en mi quinto cumpleaños, de eso estoy segura.
Ya conté que este magno acontecimiento sucede cíclicamente cada enero, con el verano que arde, y esa vez no fue la excepción, por lo que me puse "mi traje de tul, de princesa" que me había regalado mi tía más querida. ¡Como picaba el endemoniado vestido repolludo y pretencioso! pero usarlo y sentirme la hija del rey por un día bien valía los rasquidos e irritaciones de la piel, y me salí con la mía.
Mis primos inventaron ir a la plaza con la nana de turno, y los grandes aceptaron. Al llegar, comenzamos a correr por la pileta, a unos 50 centímetros del piso, por una especie de borde de unos 30 centímetros de ancho. La fuente tenía unas bocas como lanzas que lanzaban el agua hacia arriba de distintas formas.
Todo fue muy entretenido hasta que me caí dentro, y como el piso era resbaloso, no me podía mantener en pie volviendo a sumergirme una y otra vez ante las risotadas de los demás que consideraban lo ocurrido como un juego, como broma, incluyendo a la muchacha que nos cuidaba. Como si fuera poca mi desesperación, se me enredó el famoso vestido en esas lanza-aguas y no podía salir. No sé cuanto duró, no debe haber sido mucho, pero lo sentí infinito.
Lo peor, después de haber estado en peligro verdadero de ahogarme, fue que al regreso debí caminar por todo el barrio llorando, como pollo mojado, con mi vestido de fiesta roto y las florcitas de paño lenci todas despegadas. También queda un trocito de ese memorable trajecito por ahí.
Luego de este post, parece que tanto mi madre como yo deberemos hacer un aseo profundo y tirar muchas cosas inútiles ¿o no? mmmhh... buena pregunta para mis amigos...

jueves, 24 de julio de 2008
Primeras celebraciones (primera parte)
Zocadiz subió un post que me puso en el trance de recordar mis primeras celebraciones. Buen tema. Yo he recordado al menos dos . Cuando recuerde otras, y parece que me vienen varias a la cabeza, quizás las cuente.De las primeras que recuerdo debe haber sido mi cuarto cumpleaños, porque aún vivíamos en el campo. Era verano, enero, y me regalaron una caja enorme -¡para mí solita!- con bombones de licor. Mi madre los confiscó en menos tiempo que el que yo los tuve en mi poder para sacarles el papel de regalo, y no me gustó nada. Lo consideré un verdadero latrocinio. Pasaron unos 20 años para entender y perdonar. La caja de lata que contenía mi tesoro, anda por ahí todavía. ¿Quién sería el desubicado que le regaló eso a una niñita?

miércoles, 21 de mayo de 2008
De pelos y peluqueros
Necesitaba urgente un arreglo en el pelo. Mi cabello ya era una indecencia, y parece que, mientras más mal se siente uno con el pelo a mal traer, más te lo miran detalladamente; ergo, partí a la peluquería de siempre pero donde no te atiende siempre la misma persona, al menos no a mí, que no tengo tanta paciencia como para esperar al fígaro preferido y sólo me limito a entregar mi cabeza y que hagan lo que quieran salvo...peinarme... en los últimos dos años me he negado, pues he llegado a considerar que quedo mejor con mis pelo seco al aire y sólo cepillado después y no como gato mojado luego de los brushings a que me sometía estoicamente pagando por eso más encima.
Me tocó un peluquero nuevo, muy atento y ¡vaya cosa! sabía cortar estupendo y peinar y, pese a que no se lo pedí, me dio unos brochazos en la chasquilla que me dejaron feliz hasta el triste final de mi hasta entonces dichosa aventura peruqueril, porque me cobraron más de lo que me han cobrado por el mismo servicio, pese a que, previéndolo -porque ya me ha pasado antes- yo había preguntado antes de entrar cuanto me saldría el servicio.
Estoy cansada de que en la recepción te digan una cosa y luego salgan con otra muy diferente, y para colmo, llaman al estilista para que venga a discutir contigo las diferencias, porque ahí hay tres interesados en conflicto: el cliente, la peluquería y el profesional del ramo. Si me dieron un valor, que lo mantengan y arreglen ellos su problema de malos entendidos, o lo que sea, ¿qué tengo que ver yo con la lista de códigos que el hombre sacaba a relucir para justificar los más o menos $7.000 (10 euros aprox.) que había de diferencia? Lo peor fue cuando Cristián, el de las tijeras, me preguntó a voz en cuello delante de todos: "_¿Para Ud. pagar $30.000 es mucha plata?_" o indicarme que, pese a la de años que uso ese salón de belleza, debía considerar que _"en todo este tiempo los precios han subido, se reajustan, señora"_, como si no fuera consciente de ello cada vez que paso por la estación de servicio a llenar el estanque, o al supermercado a completar nuestra despensa.
La otra vez pasó exactamente lo mismo ahí, con otra peluquera, por eso pregunté bien ahora, y es tremendo que quedes mal con alguien que te hizo un buen trabajo, que te dejó contenta, que desearías volver a que te atienda y ahora ya no lo sé porque él estará mal dispuesto y quién sabe qué puede hacerme...o dejar de hacerme, si le pido su atención de nuevo.
Bueno, lo pasé mal, y para qué voy a negar que la pregunta sobre el estado de mi bolsillo -si me causaba dolor sacar plata extra para el cabello- me descolocó y humilló. Creo que no debiera pasar, aunque lo comprendo: él era nuevo ahí y tendrá sus expectativas, pero hay que respetar lo ofrecido, digo.

jueves, 1 de mayo de 2008
Algo de bicicletas
Bicicletas.......pocas cosas hay que me hayan dado más alegrías y pesares que estos vehículos mínimos en mi infancia y primera adolescencia.
Para mi familia en esa época, una bicicleta era muy difícil de conseguir, pues a mi padre no le iba bien en el campo y debió terminar sus siembras y cosechas y comenzar en otra cosa que no era para hacerse rico precisamente, y las bicicletas eran mucho mas caras que ahora, por lo tanto, algo prescindible. Sólo tuvimos una para todos los hermanos cuando mi viejo remató una usada, verde y algo raspada por sus antiguos dueños, ¡pero tenía sus dos ruedas como corresponde! maravilla de las maravillas para nuestros ojos deslumbrados.
En esta "cleta" me volé las dos rodillas cuando me caí por haber chocado con un ladrillo de una construcción cercana a mi casa. Salté sobre el sillín y quedé a horcajadas sobre el marco de la bici arrastrando las rodillas por el cemento lleno de cosas ásperas, arena, y desechos. Me era imposible frenar y la carrera siguió por otros metros.
El accidente coincidió con el nacimiento de mi hermano menor, y estábamos a cargo de mi abuela, que era buena-buena, pero todo lo que fuera limpiar heridas o ver sangre la superaba, por eso, se limitaba a dejarme caer unos polvos de sulfa-penicilina sobre la cataplasma de porquería que tenía ahí, y a mi me parecía estupendo que no escarbara en mis heridas. Lo más malo fue que al ser alérgica a las sulfas me enronché de un modo terrible y sin nadie que atinara a qué hacer conmigo, hasta que llegó mi mamá a curar eso como ella sabe hacer.
**++**
Un día fui en esa bici a comprar a un almacén cercano sólo por usarla. Me encantaba pedalear. Tan cercano era el lugar, que se me olvidó que esa vez iba montando en ella y la dejé afuera del negocio. Cuando horas después fui a buscarla, obviamente ya no estaba por ninguna parte dejándome la desolación consiguiente. Yo ya nunca más tendría bicicleta pues no hubo una segunda oportunidad hasta que ya no me interesaba su uso.

También me encantan las bicicletas como tema para fotografiar. Siempre indican que algo se mueve, que hay un dueño suyo por las inmediaciones. Es promesa de un paseo a escala humana, de ejercicio y aire soplando en la cara dejándonos su aroma.
viernes, 15 de febrero de 2008
Nuevamente en Chile

He llegado al resto del verano a mi país abalconado hacia el Pacífico; estaba esperándome con sus galas, con nuestro suave clima que invita a la siesta mientras oigo por la ventana las voces de los niños en la piscina. Maravillosamente, ¡todos hablan castellano! ...y yo no necesito traductor....ehhhhh !!!!!!!!!
Alemania es precioso y aún tengo cosas para mi reportaje de lo muy pequeño, pero por ahora, debo terminar de aterrizar, que siempre me demoro más que el tiempo que se toma el avión en llegar acá.
Contenta de ir y contenta de regresar, gracias a Dios.

miércoles, 30 de enero de 2008
Ha nacido Izzy
Con inmensa alegría les quiero comunicar que ha nacido felizmente mi segunda nieta.
Se demoró y nos tenía nerviosos, pero ha arribado sin otro problema que no haya sido el originado por unos forceps que le han dejado por unos días unas senales en la carita. Ya pasará.
Todos estamos felices y dedicados al deporte universal de encontrarle parecidos con toda su familia, paterna y materna. En el caso de ella, con la conjunción de nacionalidades, razas y culturas que se mezclan, es bien difícil atribuir parecidos el día de su nacimiento. Ya los iremos adjudicando a los diversos actores de este nuevo capítulo de la vida llamado Isabel.

martes, 15 de enero de 2008
Mis novedades
No estaba bien, pero esperaba que durara un tiempo aún. Dios sabe más y se lo llevó ahora. No sufrió demasiado, nos parece, pues luego del ataque quedó inconsciente o sedado, y falleció a las pocas horas, pero yo no estaba allá y eso es algo que me ronda, el no haber podido verlo antes morir y ser cremado.
Tuvo un funeral doble, si se puede decir, pues el primero fue en un pueblo cerca de Talca, en Villa Alegre, donde regresaron con mi madre luego de jubilar, y al otro día una segunda gran ceremonia en el Cinerario del Hogar de Cristo en Santiago, lugar al que llegó gente a chorros, con personas que por annos no se había tenido contacto, y así, miles de cosas que se conocen en estas circunstancias solamente.
Bueno, por lo demás, todo va bien: mi nieta no nace aún, y acá estamos todo el día pendientes de si se mueve o no, que si le da hipo ( es una hiposa.... o hipienta terrible esta ninna ) si pasa una patita por la guata* de mi hija, etc. Nos tiene a todos de cabeza, imaginando como será, que entre el coctelito de genes que tendrá con padre alemán, madre con un 50% china y el otro de un cuanto hay, puede ser cualquiera la combinación y es entretenido imaginarla. El padre la quiere de pelo negro; la madre, rubia como mi yerno, y yo?... la quiero buena, inteligente, sana, linda y rica, en ese orden. Le digo a Dios que no sea mucho pedir y que llegue felizmente a este mundo que la espera y en el que nadie sobra, pues todos podemos hacer un aporte.
*Guata = guata2.
(Del mapuche huata).
1. f. coloq. NO Arg., Bol., Chile, Ec. y Perú. Barriga, vientre, panza.
(Del mapuche huata).
1. f. coloq. NO Arg., Bol., Chile, Ec. y Perú. Barriga, vientre, panza.

miércoles, 9 de enero de 2008
Tour inesperado por una maternidad alemana
No me imagino quien tendrá un tour por una maternidad de algún país que visite. No puedo, pero yo sí la tuve ayer. Mezclada con los futuros padres y los profesionales que atenderán la llegada de esos hijos, luego de una charla y respuesta a las inquietudes de los presentes --que seríamos unas 100 personas por lo menos-- recorrimos el lugar donde nacerá mi nieta en Alemania.
Comprendo sólo un poco de alemán, pero las imágenes son tan universales que, unidas a la experiencia de cinco hijos, me dejaban claras muchas cosas, admirándome muchas otras, como la variedad de posibilidades que hay para elegir el modo en que llegue tu hijo al mundo, el tipo de medicamentos, incluyendo sin aspavientos homeopatía y acupuntura, masajes y otros.
Mis hijos nacieron en pabellones quirúrgicos aptos para operar a corazón abierto con circulación extracorpórea, incluso, lo que da mucha seguridad, pero es absolutamente sobredimensionado para un parto que se prevé normal, amén de lo caro que eso resulta para el bolsillo estatal o privado, depende del caso.
Acá existe la opción de parir en una tina con agua, pero sin anestesia. Es una sala de tamanno nomal, con una tina rosada fuerte, más todo lo necesario para recibir a la criatura y atender emergencias. O si prefieres, podría ser una cama bastante redonda e incomprensible para mi --mi poco de alemán no alcanzó para la novedad-- salvo el coqueto lazo colgado desde el techo, que debe ser capaz de soportar el peso de un piano de cola (¿alguna ayuda para que las parturientas pujen?) casi como en las películas, aunque nadie mencionó la bala para morder, esperable entre tantas posibilidades, no?
Por último llegamos a unas salas de partos más tradicionales, no dramáticas, con todo lo necesario y algo más, a escala humana, como un dormitorio grande con muchos cajones con implementos médicos, pero también con alegres dibujos pintados en las paredes, con puertas normales, en fin, todo como para hacer del momento algo entrannable sin descuidar nada.
Las cesáreas se hacen en un par de pabellones un poco más allá, pero no las visitamos, obvio.
Muy novedoso fue para mi una especie de "bar lácteo" para recién nacidos; una sala con luz suave, silenciosa, con mesas e instalaciones como de un café, donde las madres pueden ir a dar de mamar a sus hijos, pues queda al lado de la sala cuna. Pueden mudarlos si desean, y se les ensenna a hacerlo en un ambiente profesional distendido, narural, que me encantó. Había algunas amamantando y presumo que nuestra intromisión debe haber sido muy desagradable, pero verlas fue ilustrativo de la idea.
Quedé contenta de ver donde nacerá Isabel Alexandra.

martes, 11 de diciembre de 2007
Navidad: El mejor regalo que recuerdo

Navidad de nuevo, y con estas fechas entrañables los recuerdos de los que han partido y los cambios que la vida trae consigo le dan un toque de nostalgia dulce y dolorosa a la vez que no puedo evitar ningún año. Es parte de la magia de las fiestas de fin de año, creo.
En esta oportunidad deseo comentar un regalo muy especial: tendría yo unos ocho o nueve años y era la cuarta entre los muchos nietos de mis abuelos paternos que por esa época lo estaban pasando bastante mal económicamente y se veían con el compromiso ineludible de cumplir con nosotros que esperába
mos los regalos de navidad con ojos tamaños. Mi abuela ese año no tendría plata, pero sí una imaginación increíble, y preparó simplemente unos tarros de leche condensada azucarada de Nestlé hechos manjar (dulce de leche). Los envolvió con arte y en el momento indicado lo abrimos con la ilusión de siempre, pero no estábamos preparados para esta maravilla: ¡un tarro completo de manjar para cada uno! y sin que los adultos se metieran a decir que nos enfermaríamos, que había que dejarle a los demás, que no sé qué y no sé cuántas de sus razones que los niños no desean comprender del todo. Comimos hasta sentir que no desearíamos nunca más en la vida probar el famoso dulce, pero igual nos relamíamos los bigotes pegotes entre sonrisas.
Con los años, cuando nos reunimos con nuestros primos de todas las edades que estuvimos ahí, coincidimos en que el mejor regalo que hemos recibido fue ese, por inesperado y original; por interpretar el deseo de unos niños por un día en el año: el día de Navidad.
En esta oportunidad deseo comentar un regalo muy especial: tendría yo unos ocho o nueve años y era la cuarta entre los muchos nietos de mis abuelos paternos que por esa época lo estaban pasando bastante mal económicamente y se veían con el compromiso ineludible de cumplir con nosotros que esperába
mos los regalos de navidad con ojos tamaños. Mi abuela ese año no tendría plata, pero sí una imaginación increíble, y preparó simplemente unos tarros de leche condensada azucarada de Nestlé hechos manjar (dulce de leche). Los envolvió con arte y en el momento indicado lo abrimos con la ilusión de siempre, pero no estábamos preparados para esta maravilla: ¡un tarro completo de manjar para cada uno! y sin que los adultos se metieran a decir que nos enfermaríamos, que había que dejarle a los demás, que no sé qué y no sé cuántas de sus razones que los niños no desean comprender del todo. Comimos hasta sentir que no desearíamos nunca más en la vida probar el famoso dulce, pero igual nos relamíamos los bigotes pegotes entre sonrisas. Con los años, cuando nos reunimos con nuestros primos de todas las edades que estuvimos ahí, coincidimos en que el mejor regalo que hemos recibido fue ese, por inesperado y original; por interpretar el deseo de unos niños por un día en el año: el día de Navidad.

jueves, 25 de octubre de 2007
Recuerdo de Susana

Era la soledad personificada en lo familiar. Arrendaba un departmentito cerca de la casa de su único hermano y sobrinas. Era viuda y todos sus embarazos terminaron en nada, no conservaba sus criaturas. Se volcó a su familia más próxima buscando su aprobación haciéndose necesaria por los pequeños y grandes servicios que les prestaba a ellos y a las amigas que fue conociendo en mi barrio, como yo, que fui elegida quién sabe por qué por ella, pues no teníamos en común más que ir a la misma parroquia en la esquina de mi casa, y unilateralmente decidió visitarme los miércoles a la hora del te. Muchas veces fue inoportuna, pero ¡cómo decirle que espaciara sus visitas si se presentía que había anhelado ir y se había arreglado especialmente! no tenía corazón, la verdad.
Pasó el tiempo, y Susana desapareció de mi casa y del barrio. No inquietó a nadie. Para muchos fue un alivio y nadie preguntó más, hasta aquel día que no podré olvidar jamás, en que tocó mi timbre un día de noviembre, me pidió dinero para pagar un taxi que, a juzgar por lo pagado, venía de lejos, y contrariamente a su costumbre, llegó sin su placa de dientes, sin cartera,sin pintura en la cara, pero siempre pulcra y me contó un cuento chino sobre las razones para tan extraña actitud.
Pasaron las horas y yo debía seguir mis ocupaciones y le pregunté si alojaría en la casa de su hermano, y ahí comenzó la verdadera historia de Susy: estaba huyendo de la casa de reposo en que su hermano la había dejado contra su voluntad, dando órdenes de que no la viera nadie que no fuera su familia, cosa que tampoco ocurría, quedando internada, casi interdicta, sin poder cobrar su pensión personalmente, sola, aislada y triste. Me partió el alma cuando me mostró la alfombra y me dijo que la recibiera esa noche, que le bastaba la alfombra, que ya no hacía tanto frío.....
Para mi esposo algo así es impensable, por lo que le sugerí ir donde Carmen, una amiga que yo conocía pues ella nos presentó, y donde Susana había alojado largas temporadas acompañándola cuando Carmen enviudó. Esa "amiga", que era absolutamente libre de actuar, no la recibió. Le dijo unas palabras de buena educación pero de una frialdad congelante, nada parecido a la amistad que le demostraba cuando ella la necesitó y su solitaria amiga estaba ahí, para servirla.
Seguí deambulando con ella en mi auto hasta que fuimos donde Silvia, otra vecina de las conocidas de ella y le pedí acomodo mientras Susana arreglaba sus cosas. Ella no tuvo más inconveiente que la preocupación de que anduviese sin sus artículos personales, pero le arregló cama y comida de inmediato. Silvia no nadaba en la abundancia tampoco, pues vivía de la pensión que le dejó su padre; era soltera.
Seguí los acontecimientos de cerca, y a los pocos días llegó la policía a buscarla por denuncia del hermano, abogado de profesión, que -- ignoro cómo y por qué-- era el responsable de ella. Se la llevaron entre los llantos de Susana y su amiga.
De nuevo a su reclusión en un lugar lejano, y nunca más supe de su existencia. Han pasado los años, ya debe estar muerta y, hasta donde sé, nadie la volvió a ver.

Luego de publicar esta historia, llegó a mi sitio otra Susana, que acaba de publicar un cuento maravilloso sobre una anciana.
Pueden leerlo aqui* en el blog de Susana Navarro Gómez
martes, 9 de octubre de 2007
Zapatos nuevos
Esta semana murió Gloria Elena Inostroza Díaz, lejana pariente de mi abuela. Era concertista en piano y profesora de música, e inundó de melodías mi infancia. ¿Cómo no recordar sus prácticas de Chopin comenzadas y recomenzadas mil veces sin darse nunca por satisfecha?Era huérfana de madre y vivía con su abuela en una casa grande, pero muy angosta, de tres pisos y con una terraza arriba de todo lo demás, que era mi delicia. Desde ahí yo contaba las torres de iglesias que había alrededor, pues como vivían cerca del centro de Santiago no había tantos edificios altos, y era fácil ver esos hitos puestos cada pocas cuadras en la ciudad que yacía a nuestros pies.
Esa casa tenía un vitral oblongo y pequeño al lado de la puerta de entrada con un ciervo de colores, muy bonito, y que le venía al estilo del barrio y de la vivienda. Me fascinaba contemplarlo por la mañana cuando tomaba vida con la luz del este. ¡Y el olor a gas! yo nunca supe qué era lo que podía oler tan mal hasta adulta. ¿Cómo podían soportarlo sin temer una explosión? Entonces no lo consideraba, pero ahora --en que vemos peligros por todos lados y nos querellamos por cualquier cosa de la que no seamos directamente responsables-- pienso con admiración en la paciencia o pachorra para solucionarlo.
Gloria vivía con tía Elena que tenía un marido experto en negocios en que casi siempre terminaba pagado con la mercadería que no se podía vender, como unos zapatos de niños que llegaban hasta el número veintinueve nada más. Mi tía no era rica y tenía los zapatos por montones y su problema de regalos para nosotros solucionado, pero sólo duró hasta que me crecieron los pies más allá de la numeración existente y debí recibir todavía un par de años los zapatos "ballerina" color chicle que me fascinaban y por lo tanto no decía ni pío cuando me los ponía con los pies como puños, apretados dentro de ellos, hasta que mi madre se dio cuenta y los confiscó. Nunca más he tenido zapatos rosa...... :(

miércoles, 12 de septiembre de 2007
Carriers telefónicos:"El cliente siempre tiene la razón"

No tan temprano, nos han llamado de un carrier de larga distancia para ofrecernos el enésimo servicio especial para nuestro teléfono fijo.
Con tono profesional, el "ejecutivo" nos largó el rollo que debe repetir todo el día:
Con tono profesional, el "ejecutivo" nos largó el rollo que debe repetir todo el día:
- Se identificó: soy fulanito de tal (ya lo olvidé)
- Nos habló de su oferta y nombró rapidísimamente su empresa NetLine 169 con nombre gringo más el número del portador como se llama en castellano.
- Habló con mi esposo que lo mandó a conversar conmigo que soy la que maneja el tema de los teléfonos en casa.
- Me explicó a mí, y no le entendí el número de su servicio, por lo rápido que hablaba (los chilenos escupimos palabras) y debió repetírmelo con la advertencia: ¡por TER-CE-RA-VEZ: es NetLine 169!
- Como yo le pidiera que por favor modulara mejor, me ha espetado: ¡Cuando despierten los llamo de nuevo!
La verdad es que estoy chata con los carriers. Llaman a toda hora y más encima, se enojan.
No somos lentos ni tontos, pero si van a tratar como han hecho con nosotros a personas mayores, como a mis padres, creo que necesitarán un personal calificado, así, ¡nadie puede!
No somos lentos ni tontos, pero si van a tratar como han hecho con nosotros a personas mayores, como a mis padres, creo que necesitarán un personal calificado, así, ¡nadie puede!

sábado, 8 de septiembre de 2007
Analfabetismo en un mundo lector
Continuando con lo que ha resultado una serie sobre cartas con olor a tinta y no a impresora, he recordado que cuando aún no tenía ocho años --pues aún vivíamos en el campo--, Domitila, una mujer inquilina que tenía su casa muy próxima a la nuestra, me pidió que le escribiera una carta (ya no recuerdo a quién se dirigía), pero la sensación de ser importante por los conocimientos que yo tenía y la adulta no, no se me ha borrado nunca, pero la he meditado en mis sucesivas interacciones con otros que no han tenido la suerte de leer.Blanquita, fue mi empleada por muchos años. Fue la nana de mis dos hijos menores, y una mujer que ha sido mi amiga. ¡Qué mujer! criada en la desgracia, con un padre alcohólico y una madre lavandera que murió delante de ella lavando ropa ajena en una batea, a mano, por un salario miserable y con su tribu que sacar adelante con extremas dificultades.
Blanca no aprendió a leer por dislexia, no por falta de oportunidad para ello, pues a los ocho años llegó acogida a una casa en que la educaron y protegieron, pero nunca he visto persona tan capaz de arreglárselas en un mundo para lectores, en que para sobrevivir hay que leer o conseguir quién lo haga por uno, claro que esto siempre la ha humillado y ha inventado un surtido de estratagemas para pedirlo sin que se note.
El problema es la lectura, pero ¿de números?.... ¡nadie le gana a sacar sus sencillas cuentas!, pasando los billetes de un montoncito a otro hasta pagar sus compromisos, ahorrar para arreglar su casa, tener para sus gastos de salud, y así.
Este es mi homenaje a una mujer excelente, que con melladas armas ha hecho más que muchos, pues por si fuera poco, sus dos hijos son oligofrénicos y su marido, un cero ala izquierda, un lastre, por desgracia.
Ilustré esta entrada con unos ideogramas chinos para hacernos una idea de lo que se debe sentir en la vida diaria al no dominar las letras.

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Algo de mí
- AleMamá
- Vitacura, Santiago de Chile, Chile
- Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.
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