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martes, 9 de octubre de 2007

Zapatos nuevos

Esta semana murió Gloria Elena Inostroza Díaz, lejana pariente de mi abuela. Era concertista en piano y profesora de música, e inundó de melodías mi infancia. ¿Cómo no recordar sus prácticas de Chopin comenzadas y recomenzadas mil veces sin darse nunca por satisfecha?

Era huérfana de madre y vivía con su abuela en una casa grande, pero muy angosta, de tres pisos y con una terraza arriba de todo lo demás, que era mi delicia. Desde ahí yo contaba las torres de iglesias que había alrededor, pues como vivían cerca del centro de Santiago no había tantos edificios altos, y era fácil ver esos hitos puestos cada pocas cuadras en la ciudad que yacía a nuestros pies.

Esa casa tenía un vitral oblongo y pequeño al lado de la puerta de entrada con un ciervo de colores, muy bonito, y que le venía al estilo del barrio y de la vivienda. Me fascinaba contemplarlo por la mañana cuando tomaba vida con la luz del este. ¡Y el olor a gas! yo nunca supe qué era lo que podía oler tan mal hasta adulta. ¿Cómo podían soportarlo sin temer una explosión? Entonces no lo consideraba, pero ahora --en que vemos peligros por todos lados y nos querellamos por cualquier cosa de la que no seamos directamente responsables-- pienso con admiración en la paciencia o pachorra para solucionarlo.

Gloria vivía con tía Elena que tenía un marido experto en negocios en que casi siempre terminaba pagado con la mercadería que no se podía vender, como unos zapatos de niños que llegaban hasta el número veintinueve nada más. Mi tía no era rica y tenía los zapatos por montones y su problema de regalos para nosotros solucionado, pero sólo duró hasta que me crecieron los pies más allá de la numeración existente y debí recibir todavía un par de años los zapatos "ballerina" color chicle que me fascinaban y por lo tanto no decía ni pío cuando me los ponía con los pies como puños, apretados dentro de ellos, hasta que mi madre se dio cuenta y los confiscó. Nunca más he tenido zapatos rosa...... :(



26 comentarios:

Fattyec dijo...

Que hermosa historia, es muy linda tu experiencia... yo creo que todos en algun momento hemos tenido una tia Elena... yo por mi parte tuve un padrino Carlos, quien año a año me llenaba de regalos, esperaba con ansias que llegara navidad para disfrutarlos; y ahora leyendo tu experiencia, me has invitado a evocar mi anecdota... muchas gracias! ;-)
Besitos,
Fatty

loreto dijo...

Hola Alemama, muchas gracias por tu comentario en mi blog. Me gustó mucho este post, yo también ocupaba zapatos rosados con pulserita cuando era chica. Típico que me los ponía con calcetines de vuelitos...
Un beso grande

modes amestoy dijo...

guardemos los bellos recuerdos para cuando el frío del invierno nos mantenga dentro de casa.
Soñemos con esos zapatos y lo que llevaban de carga emocional.
Un abrazo

Churru dijo...

Me parece un recuerdo precioso.Me recordó a un tío abuelo mío que nos regalaba membrillos de su jardín :) Tu recuerdo es rosa, el mío amarillo, jeje.

Alemamá dijo...

Gracias. Muchas veces tengo la sensación de que, con los sencillos recuerdos que traemos al presente acá, tocamos personajes o situaciones universales. Ojalá salgan muchas anécdotas de tíos Carlos, tíos abuelos que regalaban membrillos, padrinos cariñosos y tías Elenas.

Un beso a cada un@ y sí, Churru, parece que tenemos decidido los colores institucionales de cada uno; tú, amarillo y rosa para mi. :D

El Verbo Sabio y Divino dijo...

Pienso que fué dichosa, no todos/as podemos tener el privilegio de aprender a tocar el piano.

M.

Angie dijo...

Oye, que no está mal cómo escribes tu también! Me voy a pasear por este blog a partir de ahora ... muy bonito e interesante.
Ei y nunca es tarde para comprarse zapatos de color rosa chicle ... ahora además tienes la oportunidad de comprartelos en tu talla. Los recuerdos de infancia son los mejores. Disfrútalos de grande también.

Un besazo!

Alemamá dijo...

Angie ¡Bienvenida! ojalá seas de las que regresan. Lo qu ees yo, estoy adquiriendo una cierta adicción desde ayer que te conocí, :unsure: ¿Será posible?
Muacs

Landahlauts dijo...

¡¡Qué bonito recuerdo!!!

alida dijo...

Alemamá precioso este relato, el cual a cada uno le ha traído un recuerdo de su infancia, me hiciste evocar la casa de la hermana de mi abuela (le decíamos Nina) ella era especial y principalmente conmigo y mis hijos, hasta los recuerdos de la primera comunión de ellos se lo hizo, y me compraba mis zapatitos; el olor en su casa era particular era como a fruta
Un beso amiga

profeballa dijo...

gracias por tu visita! y siento lo de tu familiar.

En estos días (en relación a tu artículo de Halloween) le dije a unos jóvenes de 13 y 14 años que en octubre se conmemoraba un santo católico, que a su vez en Venezuela se relaciona con un fenómeno atmosférico (una tormante eléctrica); y me respondieron:

Halloween!!

saludos

mueblestilo (yhallo) dijo...

.gracias, me has transportado, viaje unos 45 años y mas, un largo pasillo con piezas laterales y unas tablas que crujían aun con mi suave trajinar, con unos zapatos plásticos de aquellos tiempos, que humedecían mis pies

pon dijo...

Qué bonito recuerdo te ha dejado, una infancia con momentos amarillos y sonido de campanas. Espléndido legado de una dama bella.
Los momentos sencillos de la niñez saben a caramelo de nostalgia.
Siento su pérdida,

pon dijo...

Ay no, los tuyos son rosas, los de Churru amarillos. Me lié.

Janneth dijo...

hola alemama mira este link http://entrenandoaikido.blogspot.com/2007/10/sandalias-de-moda-en-japn-bajo-sospecha.html estan de moda aca en japon esas sandalias jajaja

Das Gretchen dijo...

Siento lo de tu tía pero también te felicito por tu bitácora y te doy las gracias por tus amables saludos. Te enlazo ahora mismo.

Goathemala dijo...

Descanse en paz Gloria. Muy bonita tu vivencia, y muy especial y delicado tu blog.


--
Saludos.

Juan Ignacio dijo...

Nunca más he tenido zapatos rosa. Que genial final (por lo sencillo pero a la vez dramático). Saludos.

Marina dijo...

Hola alemama que bonita historia y que manera de hacerle reconocimiento a tu tia, los recuerdos son vida... y los actos pequeños o grandes que hagamos siempre dejan una huella.. saludos

Marta Salazar dijo...

qué bonito relato!

Tanhäuser dijo...

Qué entrañable, Ale. No sé, ¡me ha entrado una nostalgia alegre al leerte!
Bueno, quién sabe, a lo mejor las modas devuelven los zapatos rosas a los escaparates y vuelves a tener otro par.
Abrazos

Alemamá dijo...

¿Vieron mis comentarios tan iluminados? Se los debo a Churru que se ha tomado muchas molestias para ayudarme.
Mi más grande ovación:
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡CRURRU!!!!!!!!!!!!!
hip-hip-HURRA!!!!!!!!!!

y no agrego nada par ano requerir el remedio de Tanhäuser

Churru dijo...

Veo que conseguiste lo que andabas buscando con los colores, ¿o me equivoco? Te quedó muy bonito, tus comentarios lucen estupendos :) Un beso Alemama jajaja. Ya tienes tus "zapatos rosas" :D

JHWH dijo...

oh,... que historia. Me ha encantado imaginarme a Gloria tocar el piano, a tu tía mientras te probaba los zapatos, el ciervo de la puerta y la vista de Santiago que ofrecía la terraza de la casa.
xxxoo.

Violeta dijo...

Hola!
Hace algunos días no pasaba por acá... estaba sumida en mil ocupaciones...
Leerte fue pensar en aquellos rincones que en la infancia se dotan de magia por los detalles, en mi caso, era el hogar de mi tía Lela, ubicado en el Cerro Alegre en Valparaíso. Las calles de adoquines aún me recuerdan su gran casa, de techos altos, con una escalera de madera por la cual me deslizaba junto a mis primos, y tb por su baranda... En la mitad de la escalera, había una pequeña ventana que era mi refugio, daba hacia el patio interior... y me sentaba ahí a pensar...
Me imagino la fascinación tuya al ver esos colores traspasar el vitral...
Qué lindo post,
Un abrazo
que tengas un muy bello fin de semana...
V

Winnie0 dijo...

Fíjate y tú escribías esto en el 2007....¡qué cosas! Un besito Ale

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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