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lunes, 17 de marzo de 2008

Descanso tras una muerte violenta

Si la vida es trabajo, ¡cuánto más lo es morir de muerte lenta y dolorosa! Estoy hablando de morir crucificado cuando el cuerpo es joven y lleno de energía, lo que dificulta aún más la enterga del espíritu. Pienso en Jesús de Nazareth, el "Jesús histórico" para diferenciarlo de Jesucristo a quien --como creyente-- lo tengo por Dios hecho Hombre, pero no es esa dimensión de la que quiero hablar.

Aunque muchos no crean en Él como Dios, es de cultura general estar informados de su existencia como habitante de Galilea, y junto con ello los detalles de su muerte ajusticiado en el peor de los cadalzos.

Puestos a contemplar lo que debe haber sido para un ser humano un trance así, pienso en el consuelo que debe haber sido para los que lo seguían y amaban, como su madre y sus amigos --testigos presenciales de su deceso en la cruz-- el hecho del descendimiento del madero ignominioso según relata el evangelio: "Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro."




¡Una sábana LIMPIA! que lujo, algo digno luego de la sangre, los escupos, los insectos, el tierral, la mugre que con seguridad era la marca de todo lo relacionado con el poco glamoroso oficio de torturadores y verdugos por donde lo pasearon toda esa noche hasta las tres de la tarde del primer Viernes Santo de la historia.

Poco tuvo Jesús en el mundo, y aunque no fue equivalente a un intocable de la India, no tuvo ni el alivio mínimo de morir en posición horizontal. Saberlo descolgado y arropado en una sábana nueva e impecable para mí es un consuelo.


11 comentarios:

Jorge S. King dijo...

Hermoso!!!
Saludos Santiagueños

ojo humano dijo...

Paso de dejarte un saludo pequeño. Es verdad, estoy ausente del PC, tú sabes, esos ayunos que hago para Él, la búsqueda siempre, como lo dijo "un poquito y me veréis y otro poquito y no me veréis", me sucede, aparto tiempo para la meditación, la lectura y un poco más de dedicación a las personas, quedarse y escuchar sus historias, sus dolores, sus desvaríos. Nada puedo negarle, aun si no escribiera una sola palabra más, sería en su honor. Porque el silencio también es una ofrenda ¿no?
Aprecio tu preocupación, estoy bien, por estos días recordándolo, como nos pidió (Lucas 22:19)

Un saludo y paz para ti.
Buen post, sólido. Me alegra que tu fe esté creciendo.

Alemamá dijo...

Qué coherente eres, Toyita. Sí, el silencio es ofrenda también si pensamos que ni un vaso de agua dado por él es desperdicio.
Un abrazo.

Irantzu dijo...

No olvides a todos los que murieron como el, porque morir crucificado era la "tonica" de ese tiempo cuando la falta era consideraba muy terrible. O sea, fueron muchos los condenados a esta horrible muerte. Igual con el tiempo nos fuimos "superando" como raza e inventamos peores torturas y maneras de matar, que pena. :_(
Igual tengo esperanza de un mundo mejor!

Alemamá dijo...

Irantzú, no, no puedo olvidar esa barbarie, aunque no podemos juzgar con "estándares actuales" las prácticas de antes, ¡y eso que hablamos del mundo civilizado de la época!
Sí, hubo muuuuchos crucificados (y sigue habiéndolos, como en Sudán, ¿sabías?, nada nuevo bajo el sol) tanto en ese lado del mundo como en Japón, y quién sabe donde más. Los "entremeses" del asunto están muy estudiados: morían de tétanos, agotamiento, desangrados y un largo etc de posibilidades, y podía ser una muy larga agonía. Hay testimonio de hasta tres días colgados por ahí, pobrecitos. En ese sentido, Jesús la "sacó barata", pero por otro lado fue absolutamente excepcional que lo flagelaran y luego lo mataran así.

Era tan atroz una flagelación romana, que no se daba las dos penas a una misma persona. Es como matarlos dos veces de forma espantosa.

Llevas la razón también cuando dices que hemos evolucionado para tener mejores y más eficientes máquinas de tortura, más insidiosas, con menos marcas visibles, pero que te hacen paté igualmente. ¡Qué terrible es el hombre con sus semejantes!

Saludos.

j.a.varela dijo...

Gracias por compartirlo, Alemamá.

Juan Alberto

Verbo... dijo...

´Muy bonito y muy propio.

M.

onlymary dijo...

Alemamá,
la próxima vez que pases por España, por Pamplona, no te vas a escapar para que te dé un abrazo...
Me ha encantado ver tu sonrisa, vital, llena de alegría y de fuerza...Mil gracias por avisarme! Además, he empezado a disfrutar de tus fotos ( qué lujo para mí, verlo desde tan lejos...).
Un abrazo cálido y fuerte para ti,
Maryluz

Umma1 dijo...

No sé cuanto hay de histórico en lo que conocemos acerca de su martirio. Sabemos que las palmas no pudieron ser perforadas por clavos, porque el peso del cuerpo lo hubiera desgarrado rápidamente y hubiera caído sobre los pies, en fin. Tampoco importa el detalle, sino que la crueldad del hombre es un rasgo que no se apaga.

Es espantoso pensar que transcurre el tiempo y solamente refinamos, en lugar de someter nuestras peores fierezas

Un abrazo y felices Pascuas (F)

Alemamá dijo...

Efectivamente, Umma, las palmas no soportarían el peso de una persona, se rajarían, por eso los clavaban en las muñecas. Dicen que los talones también los clavaban por los lados, debajo d elos tobillos, me parece, pues encontraron por ahí, en otro lugar del Imperio Romano el cadáver de un pobre infeliz que aún tenía un clavo en ese sitio. Todo un detalle, de lo m´s "exquisito".
Saludos.

Trini dijo...

Tu texto es muy apropiado para leer en esta mañana de Jueves Santo y para reflexionar.

Besos para ti e Irma

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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