| Algo había hablado de fútbol acá* |
Tener hijas es impagable por cosas como las que ha relatado la sin par Dolega con tanta gracia. Actividades tan simples como salir de compras, bajar alguna serie y verla juntas, darnos datos sobre trabajos de la casa, ¡y tantos temas femeninos que nos hermanan! -pese a ser madre e hijas- es algo impagable.
Sí, las hijas son un tesoro pero ya se me han ido a formar sus familias y las tengo menos conmigo. En casa nos queda el menor, el último en casa, que es fanático del fútbol y sabe de ese deporte como el dueño de Marca o más. Como hay que hacerse todo con todos, me he ido enganchando con las ligas, campeonatos, copas, compras de jugadores, entrenadores y hasta de árbitros, jeje, sin contar los modelos de camisetas que cada año horadan mis bolsillos porque cambian. Era que no, si es un pingüe negocio.
Se supone que el que gustaba del rey de los deportes es mi marido, pero en la práctica siempre he sido la que ha acompañado a los hijos varones para ver cosas como el mundial sub-17, jugado hace mucho tiempo en Japón. Para verlo con mi hijo Pablo (hoy sacerdote católico) debíamos levantarnos a las 4 o alas 6 de la mañana, por la diferencia de horario con Chile. En todo caso, son recuerdos atesorados por mi y es sintomático que cada vez que hay algo especial sobre el tema me inviten a verlo con ellos, "porque contigo es más entretenido", dicen, y yo feliz de creerles.
