Tenemos una nueva vecina en el barrio. Nos une y nos hace rabiar pero, que es un personaje no cabe duda.
Se trata de una gata sin dueño, ordinarísima y fea. Contienen sus genes todas las combinaciones que existen desde los gatos-dioses de Egipto. En ese coctelito le tocó por color una mezcla de café (marrón) con gris, y no es ni café ni gris: sólo es fea.
Su falta de belleza la compensa con inteligencia y una simpatía arrolladora, pues al menos en mi caso y el de mi familia, se hace querer por lo ingeniosa y melosa que es, pues se viene a comer la comida de nuestro viejo felino, tuerto y sin dientes, metiéndose por todos los lugares que estén abiertos y en verano eso quiere decir TODOS. Anoche logró la hazaña que sólo una gata recogida -que ya no tenemos- había logrado: saltar hasta la ventana de nuestro dormitorio ubicado en el segundo piso (1º para los amigos de otras latitudes. Acá no usamos decir "planta baja").
Mi hermana Pía nos cuida las mascotas cuando nosotros no estamos, pero ya me mandó el ucase
de que no va a cuidar a ninguno más cuando se muera el viejo gato. Para que les cuento la cara que pone cuando aparece la gata fea, porque nuestra simpatía por ella es evidente, y no sólo la nuestra, sino que la vecina del frente la hizo operar para que no tenga celos ni nos pueble el barrio de más gatos.
