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martes, 28 de agosto de 2007

Carta de amor perdida

Siguiendo con el tema de las cartas de antaño.... (¿habrá otra qué palabra que envejezca tanto?)....
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Rezumo una pena negra cada vez que mi pensamiento regresa a un episodio de cuando era colegiala quinceañera, se los contaré para aventar fantasmas y volver a pedir perdón, pero no sé a quiénes, salvo a Dios que ve mi dolor y arrepentimiento.

Casi en verano, un día caluroso con muy poca gente a la hora de la siesta, nos juntamos un grupo de compañeras del colegio en la plaza. Frente a ella estaba el correo y a una tal Marcela M. se le ocurrió ir a ver su casilla. Entramos al fresco recinto y no había nadie más que nosotras cuatro y luego de comprobar que no había nada en su casilla postal, Marcela M. nos propuso hacer algo que ella hacía siempre, según nos contó, y metió su largo brazo por su casillero y lo subió hasta el de arriba, tomando al azar una carta que allí había.

Nunca he sido amiga de lo ajeno ni por jugar, y eso me chocó extraordinariamente, pero las demás encontraron muy entretenido espiar correspondencia ajena, y abrieron el sobre sin más. Sentadas bajo los árboles comenzó la lectura que jamás debió ser, y era nada menos que la carta de un reo, que le escribía a su mujer. No recuerdo si novia, esposa, o qué, pero lo más tremendo era que le daba explicaciones postergadas, largamente maduradas y dichas con la esperanza del que depende de esas confidencias para salir adelante. Declaraba su amor y quedaba a la espera ansiosa de una respuesta favorable..... ¡y todo jamás llegó al destino escrito en el sobre!

Yo creo en la Providencia, y que todo es para bien; que Dios es suficientemente grande como para sacar algo positivo de lo negativo, y así se lo he rogado todos estos años. Mi falta fue haber callado, no haber tomado la carta arugada que quedó en ese basurero frente a la Municipalidad y garrapatear anónimamente la dirección en otro sobre y ponerla en un buzón, pero a los quince años uno no siempre tiene las armas para oponerse a la masa. ¡Ay qué dolor!





18 comentarios:

Siempre dijo...

UY, fuerte, que fuerte recuerdo. El peso más duro es el que nos deja nuestra conciencia, parte del crecer es ser hacernos conscientes, de nuestros actos y las consecuencias de estos.
Hay cosas que no aprendemos si no es errando, y yo creo que aprendizaje es lo que obtuviste de ese suceso.
Te abrazo.

Churru dijo...

UUuf Ale, es una historia tremenda, muy muy buena pero muy triste. Gracias por compartirla, tuvo que ser duro aunque parezca poca cosa, pero la conciencia es algo con lo que no se debe jugar.

Guillermo dijo...

-
... y uno nunca sabe cuando una "travesura infantil", ocurra cuando ocurra, en alguna medida nos marca para "el resto"... poco a poco aprendemos, para bien o para mal, que es fácil hacer algo, cualquier cosa; lo que puede complicarse es lidiar con las consecuencias de nuestros actos...

Gracias Ale...

Saludos...
-

modes amestoy dijo...

está bien ventilar el pasado.
Un abrazo

Alemamá dijo...

Pensé que lo que iban a hacer aptente eran las circunstancias del remitente de la carta, pero ha sido, y estoy gratamente sorprendida, el tema de la conciencia. Sí, me pesa en ella, aunque dentro de lo posible y mis creencias he hecho lo único que podía: arrepentirme de ser cómplice --aunque fuera del modo más inesperado-- y rezar muchas veces por los personajes desconocidos a los que pudimos haber cambiado su historia personal.

Nuestra intervención en todo caso, la debe haber utilizado la Providencia, como he dicho, para sacar un bien, quizás librarlos de una unión desastroza, pero lo concreto es que lamento profundamente la línea del drama de la que me tocó ser testigo y mi omisión posterior.

:verde:

botón dijo...

¿sabes? pienso... nada ocurre por casualidad...
y que "lo que deba de ser, será"
quizá así debía de ser...

Un abrazo

Siempre dijo...

Te dejé un regalito en mi blog.
Abrazo¡¡¡

pon dijo...

A loa quince años no se tienen armas para preveer.....la prudencia se aprende con los años, y con estas experiencias.
Tal vez, como dices, fuera mejor asi, o tal vez sirvió de algo a alguien....de momento, a ti.

Lilian dijo...

Me estremeciste con tu relato- confesión.

hna josefina dijo...

¡Qué anécdota triste!
Pienso en el que la mandó y no llegó; y quién había de recibirla y no la tuvo.
Para ustedes... tal vez, después de ésa, tu amiga no lo volvió a hacer (porque decís que era su costumbre)... ¡Ojalá le haya hecho caer en la cuenta!
Un abrazo y ¡Gracias!

ojo humano dijo...

Me ha parecido tan interesante, mientras yo visitaba tu pagina y te leía, tú hacías lo mismo en mi casa. Somos bien parecidas ¿no?
Agradezco tus comentarios y como siempre, tus historias se leen con agrado.
Anduve por Chillán en estos días, está lindo el Sur, mejor que en mis recuerdos.
Un beso.

bajamar dijo...

El tema de la correspondencia por cartas es muy interesante, creo que hasta hoy nada supera ese rito del puño y letra y las emociones vertidas entre tinta y renglones, muy buen tema, en verdad.

Sobre aquella niña inocente, pues es eso para mi, inocente, la vida es un aprendizaje interminable

un saludo y muchas gracias por tus palabras

Carina dijo...

Aunque a tal vez sipensamos positivo...las escusas agravan la falta...entonces imaginemos que el.. le escribe preocupado por no tener una respuesta..diciendo....solo pocas palabras,...sólo extrañandose de que no responda...

Entonces... ella se extraña..de lo ocurrido.. y va a verlo para aclarar las cosas... por que a lo mejor ella esperaba y ansiaba esa carta...

finalmente....se encuentran...y como siempre.. cuando se esta en persona es dificil contenerse de las emociones...terminan con un final medio feliz... o entendiendose...

por que es más facil romper una carta... que un corazon en persona....



nose!.. tal vez no sea asi..pero una nunca sabe,,,, y las consecuencias de ese ...las cosas pasan por algo.. no siempre tienen que ser negativas... no??

saludos!!!

alemamá dijo...

¡Ay, Carina! gracias por verlo así. La verdad es que calza perfecto con lo que YO hubiese hecho; mi tormento ha sido que el autor de la carta estuviese preso.
Bueno, ya lo dije: Dios sabe más.
Un beso grande.

El Verbo Sabio y Divino dijo...

Saludos amiga,

En cuanto a cartas de amor, siempre guardaba las cartitas de uno de mis amores, hasta que mi madre las encontro', y las hecho' a la basura.

Que dolor !!!

Te tengo un premio en mi blog.

Mi beso,

M.

Luis Fuertes dijo...

Mi muy querida amiga:

Al leer articulos como este, no puedo menos que expresarte la admiración que tengo por tí. Llevo mucho tiempo leyendo lo que escribes y cada día soy más consciente de lo maravilloso que es tener tu amistad, aunque sea en la distancia. Por este motivo y porque cada una de tus palabras me hacen reflexionar en la posibilidad de mejorar que tengo por delante, he pensado en ofrecerte mi gratitud mediante el premio Thinking blogger award, como no podía ser menos. Felicidades.

loreto dijo...

Hola Ale:

Hermosa historia, y que valiente para contarla. Concuerdo con Carina, como a los quince años es dificil tener agallas para reparar lo que sucedió con la carta, Dios se habrá preocupado de eso.

Cariños

Marina dijo...

Hola Ale, me deja pensando tu relato... A veces somos muy duros con nosotros mismos, a fin de cuenta tu no fuiste la que privaste al destinatario de su correspondencia, la idea no salio de ti y si en el momento no hiciste valer tu parecer eso tampoco te hace culpable.. Dios en silencio obsevaba y el sabe que en tu corazon no habia mala intención, quien dice que el Plan de Él no era precisamente ese... No olvides que escribe torcido en lineas rectas... saludos te deje algo en mi rincón...

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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