Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!



miércoles, 26 de octubre de 2005

Semblanza de mi abuelo Orlando



Gardenia perfumada en el ojal, bastón de coligüe o caña chilena, sombrero tejano de ancha ala, y en verano, chaqueta de impecable palm-beach blanco, hacían de nuestro abuelo paterno una figura inconfundible en su pueblo natal --y "mortal"--del centro de Chile, del que llegó a ser alcalde y donde hay calle, escuela y sala de museo con su nombre pues ahí nació, vivió y está enterrado.

Era vitivinicultor, es decir, ¡era viñatero! creador de maravillosos vinos en una época en que los vinos boutique no se usaban. Más que nada era por darse el gusto de beber sus mostos sin adulteración, dentro de los que se contaba un vino ajerezado en unos barrilitos minúsculos de los que sólo se bajaba su contenido en las grandes ocasiones, como cuando su primera nieta--yo-- entró a la universidad.

Agricultor toda la vida y un quijote en que los "negocios" le costaron su fortuna propia y además empobrecieron a mi abuela y, obvio, me dejó sin la partecita de mi herencia que venía rodando cuesta abajo por ya varias generaciones al dividirse la tierra en trozos cada vez menores hasta conservar hoy nada más que la casa-quinta de mis viejos y un linaje de muchas generaciones en ese orgulloso pueblo con estampa de aldea de Castilla con sus corredores, tejas anchas, calles empedradas y gruesos adobones para construir sus casas de aleros amplios.

Alguna vez quizás agregue más de este personaje salido de un libro de realismo mágico, pues de todo tenía: unos gramos de profeta, de adelantado a su época, de gozador, de irresponsable, de culto, ¡de un sentido común que lo hacía ver debajo del alquitrán!, y una larga lista de contradicciones similares.

Decía, con razón, que su generación era la que de la humanidad había visto más: Nació con la carreta tirada por bueyes. Fue de los primeros en el pueblo en tener radio, auto y otros avances de la técnica. Alcanzó a ver por televisión el hombre en la luna y partidos de fútbol trasmitidos por satélite en el mismo campo que lo vió nacer con sólo caminos ripiados y telégrafo en el pueblo para en dos líneas decir lo indispensable.

7 comentarios:

Marina dijo...

Hola!! Visítote y hágotelo saber ;-), como me has dicho...ahora una visita fugaz pero con la promesa de retornar: habitualmente, cuando un blog me interesa, leo todos-todos los posts, y éste va a ser el caso...¡¡y me encanta que seas mamá de familia numerosa y que lo hagas público, ahora que se hace tan público tanto rechazo de la vida!! Un abrazo grande y cuando aprenda a linkear, allí estarás ;-)

finitud dijo...

Acabo de llegar a tu blog y me pareció muy lindo. Este post en especial. Seguiré viniendo. Saludos!

Claudia (Pampa) dijo...

Hola, acabo de verte en el blog de la hermana josefina, sabes? mi papá es agricultor en tu país, allí vive hace 35 años, yo estuve hace poco dando unos talleres de pintura, me gustó tu blog y te felicito, admiro a las mujeres que tienen muchos hijos, gran tarea, saludos.

Claudia (Pampa) dijo...

encontré tu mensaje escondido por ahí, saludos, volvé cuando quieras!

almena dijo...

Me gusta ver el orgullo y el cariño con que hablas de tu abuelo.
Besos!

hna josefina dijo...

¡Muy lindo! contanos más de tus hijos... Hasta la próxima!

yo dijo...

Y que me dices, en mi infancia el televisor era un mueble, blanco y negro... luego llego la tv en colores, pero teniamos un solo canal. Despues vinieron los otros canales, pero no teniamos cable. Despues el cable, consola de juegos, computador, internet, telefonía móvil... paren el mundo, que me quiero bajar...

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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