Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!



miércoles, 20 de agosto de 2008

El Metro


Vivir en una ciudad con un servicio de metro la transforma en metrópolis, para bien y para mal, como todas las cosas. Santiago lo tiene y ha sido muy bueno, pero por una mal planeada reestructuración del transporte público, echaron a perder lo bueno que tenía el servicio tradicional sin cumplir las metas que se habían propuesto para el nuevo -llamado Transantiago- colapsando de paso nuestro Metro a niveles inimaginables para un santiaguino.

Ahora no me gusta el Metro a ninguna hora. Me siento observada a una distancia que invade mi privacidad, demasiado cerca, demasiado cálida la temperatura ambiente y llena de olores -a vida- pero ajenos. Si miras para otro lado, igual, te miran por los reflejos de las ventanas. Más de lo mismo.

El Metro tiene algo de fugaz, de "nunca jamás" ;ves pasar a las gentes, percibes sus problemas, inventas una historia que queda atrás como líneas de colores a la velocidad del tren.



8 comentarios:

AleMamá dijo...

Toyita (Ojo Humano),publicó algo sobre este tema. Mi post nació a partir de mi comentario allí. El Metro es todo un tema, me parece.

Ana dijo...

A mí no me gusta para nada el metro (acá llamado subte). Me da claustrofobia y miedo! (miedo porque acá las cosas nunca funcionan bien...)

Pero bueno, lo uso, no me queda otra. De todos modos siempre que puedo, opto por el tren. Eso sí que me gusta, me encanta poder mirar el paisaje...

Umma1 dijo...

El metro tiene algo especial, sí.

A mí me encanta usarla, por lo rápido.

Me recordaste a una chica que trabajó en el proyecto de Transantiago, tenía un blog y la seguí durante mucho tiempo, con los comentarios que iba poniendo. Eso me permitió estar muy al tanto de los pasos que se daban. Luego, creo dejó de publicar el blog, o nos perdimos.

ojo humano dijo...

Me imagino toda clase de historias en el Metro, no hay mucho espacio para leer y todos escuchan "algo", podría ser historias de terror o música ¿clásica?
Sip, es todo un mundo con muchos mundos el Metro. Todavía estoy pensando cómo sacarle una sonrisa y encontrarle el humor, porque al momento solo veo gente malhumorada y cansada.

Espero que tenga alguna solución, ruego por eso.

Dimas dijo...

Hola, como se que te gustan las aves sin plumas,te invito a ver mi ultimo post

Irantzu dijo...

Me encanta el metro, especialmente las partes en que va sobre tierra, fuera del tunel...
Lástima q esté medio colapsado hoy por hoy...

Nosoytuchacha dijo...

Lo bueno que tiene es que el metro te deja con moraleja: si la familia anda mal, apechugamos todos! Y bueno, Chile es como una gran familia no? Pues ala, todos bien "aprechugados" en el metro, a apretarse el cinturón que son tiempos difíciles!
Un beso!

monicalvarez dijo...

Personalmente me encanta el Metro.He tenido la oportunidad de conocer el Metro de Madrid,el Metro de Roma,el Metro de Paris,el Metro de Zurich y el de Bs.Aires.Todos ellos tienen sus pifias.Algunos de ellos muy sucios,viejos,con vendedores ambulantes(inmigrantes)en su interior,con hacinamiento,con delincuentes,rayados con graffitis y también con malos olores(humanos y a orina en sus rincones).Ah! y demasiado caros.Hay que destacar la presencia de músicos clásicos deleitando al público.
El Metro chileno lo encuentro espléndido:limpio,impecable,con guardias de seguridad,ordenado la mayor parte del tiempo,con pinturas,con esculturas,con cuentos(Santiago en 1oo palabras),con música en vivo,con noticias.Echo de menos más líneas de Metro.
Creo que me explayé demasiado con mi entusiasmo.
Un abrazo

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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