Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!



lunes, 27 de julio de 2009

Inexorable

Ésta es una entrada que he rescatado desde un blog abandonado por mí, tal como explico acá*. Me parecía que hablar tan claramente de los sentimientos de una mujer cincuentona como soy, no eran para publicar acá. Ahora pienso algo diferente, pero igual me produce cierto pudor hablarlo, pero releyendo lo posteado y con mi sitio bastante consolidado en lo que a identidad bloguera se refiere, lo subiré tal cual -- y no hablo de "fama", ¡por favor!--.


No nos damos cuenta que la vida pasa pues nos vemos al espejo cada vez que nos peinamos, cosa que suele pasar al menos una vez al día, y el envejecimiento llega de puntillas para quedarse. Podemos tener algunas referencias del hecho inexorable al pensar en los 'niños' que ya son padres de familia; las niñitas de antaño que ahora son nuestros pares, pues la vida acorta las brechas generacionales y veinte años --como dice el tango-- verdaderamente no es nada en un momento, y en otro es toda una vida, pues los días son pocos, los proyectos muchos, y el tiempo que vivamos no depende de nosotros.



Cuantas veces nos dijeron: 'pensar que te conocí desde que naciste, ¡cómo has crecido!' y no me gustaba; hoy por hoy me muerdo la lengua para no decirlo las veces que me quedo alelada al comprobarlo desde el otro lado de los años, pues los he conocido de chiquititos y no me convenzo de que son autónomos y capaces de tanto o más que yo, que también me siento con proyección.





13 comentarios:

maria jesus dijo...

Lo malo de la edad es cuando la sientes en los huesos.Lo otro es anecdótico.

El problema de mi hija pequeña es que yo conocí de pequeñitas a las madres de sus amigos, le asombra muchisimo la relación que tengo con ellas.
Besos

Suntzu dijo...

No sé por qué te daba apuro colgarlo. Es precioso. Y muy cierto. Me siento así muchas veces aunque aún me queden algunos añitos para los 50. El tiempo se nos hace cuesta arriba cuando somo niños y de pronto, se convierte en una pendiente cuesta abajo.
Es raro.
Saludos.

Fernando dijo...

Hola, Alemamá, el post es muy bueno, y me alegro de que lo publiques, no veo nada impúdico en él.

Es curioso cómo lo explicas, pero es así. Yo, ya sabes, no tengo hijos, y eso te hace vivir en la intemporalidad, parece que los años pasan sobre ti sin mayores efectos, sin puntos de referencia. Pero claro, empiezan a llegar los sobrinos, y ya todo varía: has visto a tus cuñada y a tu hermana embarazadas, has ido al hospital a ver al bebé, le compraste unos patucos cuando empezó a andar, ... y de repente vas a su Primera Comunión.

Eso te hace comprender, de golpe, lo mayor que es él, lo viejo que te has vuelto tú.

Lo dicho: me alegro de que te animaras a publicar el post.

Silvi dijo...

¡Hola Ale!
Una de las cosas que aprendí,ya grande,al borde de los cincuenta fue a no tener verguenza de exteriorizar sentimientos.
Ante,un poco por la educación recibida,otro por timidez,otra por verguenza,me guardaba en público abrazos,contenía besos,callaba palabras.Fuí mucho más feliz cuando pude mostrar siempre mi autenticidad de sentimientos.
Y en cuanto al blog,que tú sabes cuento mucho de mi vida,escribía y no lo publicaba,hasta que haciendo un curso de literatura,la profesora nos dijo la importancia para uno y para los demás trasmitir experiencias.Que aunque no tengamos técnicas de escritura,nos animaramos a mostrar lo que escribíamos.Lo que para nosotros puede llegar a ser tonto a otros hasta los puede ayudar.¡Y así me animé!
Los sentimientos de una mujer de cincuenta son tan importantes como los de una de dieciocho.
Querida Ale,ya tengo cincuenta y nueve,y cada día vivo intensamente el hoy,pero no dejo de tener proyectos.Mi espíritu se sitúa hasta los diecisiete de Martín o los tres meses de Azul.
Y muchas veces esos veinte años ,que no son nada,en momentos nos dejan mejor plantadas .
Sigue siempre teniendo proyectos.
Me gustó leerte,que te animaras a publicarlo.
Un cariño grande y mi mejor sonrisa.

Soledad dijo...

Está muy lindo tu comentario y, la verdad, 20 años siempre son muchos aunque no se saque las cuentas sobre ello. Para mí quedó demostrado cuando, con tu hijo Bernardo caminamos a paso rápido por la playa porque teníamos el aguacero encima y te cuento tuve que recoger como un kilómetro de lengua depués de la carrera mientras él llegaba fresco como lechuga.
La primera novia de mi marido es bastante mayor que él y un día nos contó que se llevó el susto de su vida cuando se dio cuenta que era vieja, así que sacó todos los espejos de su casa para no verlo.
Yo conbato los años desterrando de mi diccionario expresiones como 'en mis tiempos...', 'cuando yo era niña...'., 'que grande está este niñit@'o 'ya no es (o son) como antes'.
El mejor comentario sobre la edad fue de un sobrino nieto, José Daniel de 3 años, al ver una foto de mi marido cuando pequeño y exclamó con mucha sorpresa 'Edgar también fue niño'.

AleMamá dijo...

Lo lindo de haber subido esta entrada es que los comentarios han pasado de un "¡qué bonito lo que dices!" para hacer un aporte verdadero. Ya vamos sacando lo de dentro que es posible compartir con los amigos que conocen otras cosas nuestras por los blogs. Está visto que se puede.

AleMamá dijo...

Suntzu, gracias por venir. Hacía tiempo que no sabía de ti.
Besos

Gabriela dijo...

Está muy linda la reflexión del post.
Estoy lejos de los 50, y no tan lejos de los 40, pero esos pensamientos a veces asoman por mi cabeza. Pero los descarto. Creo que lo mejor es no luchar contra el paso del tiempo porque sería una batalla perdida.
Saludos.

Dharma dijo...

Alemamá, excelente entrada! Yo soy muy consciente del paso del tiempo... siempre lo pienso, pasa tan rápido, uno cumple todos los papeles aunque no quiera (hija, joven, señora...) y es raro, pero nada que hacerle... creo que la vida es un viaje, partes en una ciudad y terminas en otra, y en cada ciudad que dejas sigue habiendo mucha gente... es una metáfora extraña, pero yo la entiendo... :)
Un saludo!
Pd.(Antes te posteé y tenía mal la dire de mi blog en mi perfil, ya la arreglé.)

Luis y Mª Jesús dijo...

Recuerdo a una tía mía que se incorporó en una cama del hospital en que estaba ingresada, tres de sus hijos estaban allí, les miró con asombro y dijo: "¡Dios mío, si mis hijos son tan viejos ¿cómo seré yo?"!, la miré y dije: "tía es usted igual que ellos, no se distingue la edad", y era verdad, seguro que eso te pasa a ti.
Besos

María jesús

MªJose dijo...

Como ha dicho maria jesus, la edad es un inconveniente cuando ya no puedes moverte a la velocidad de tu cerebro, para lo demás es toda una gran ventaja, sabes y piensas como nunca hubieras imaginado.

Susana Navarro dijo...

Hola, Ale!!!
Entiendo perfectamente lo que dices porque también en algún momento de mi vida me pasó por la mente que hacer ese tipo de comentarios era como estar chocheando (como decimos en México cuando se dicen ancianidades jeje). Ver pasar los años y extraerse para observar a una persona que hace poco no eras es difícil, pero qué tal cuando nos reconocemos y nos gustamos así como somos de a cuarenta o de a cincuenta, qué bonito y decir desde el fondo del corazón y no como cliché de nuestros padres y abuelos, mira qué rapidito te hiciste grande, ya casi me alcanzaste :)
Un abrazo

misideascotidianas dijo...

Alemamá, verdaderamente es curioso ver que el tiempo pasa pero que por dentro nos sentimos tan jovenes o tan crías como hace años.

Es cierto que se madura, pero en el fondo, por dentro, yo me siento tan jovencita como la que más:)

Te he contestado a tu duda de mi blog. Prueba a ver qué error es el que te da, porque a mi no me pasa. Pero si tiene solución la encontraremos:)

Un beso

Luisa

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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