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miércoles, 10 de mayo de 2006

Apagar la televisión: acto soberano


Ilustración de Howard Schechtman

No, no quiero matar la televisión, pues no es ni buena ni mala, todo depende de su uso o abuso, pero al buscar algo del tema me topé con esta página muy ilustrativa, por si quieren verla.




Hace un tiempo, hemos ido ir a visitar a alguien a quién no vemos mucho. Fue agradable pues realmente los queremos, pero la duda es: ¿Corresponderían ellos nuestros sentimientos en ese momento en que logramos llegar?

La duda es atinente pues tenían la TV encendida y no la apagaron durante los veinte minutos de nuestra visita, tan sólo pusieron en "mute" el aparato, pero era evidente que seguían mirando el programa por sobre nuestros hombros ya que nos colocamos de modo de verlos a ellos, por lo que el televisor quedó a nuestras espaldas....

En casa, nuestro padre se encargó de no comprar un artilugio de esos pues consideraba que nos distraía de los estudios, y sólo lo hizo cuando nuestros hermanos se empezaron a ausentar misteriosamente de la casa para ir a la vecina a ver una serial de la época. Consideró -con razón- que ya que el enemigo era tan poderoso, al menos quería observar personalmente que los contenidos fueran adecuados para su prole.

Mi madre nos dejó claro siempre que si llegaba alguien a conversar con nosotros la tele se apagaba sin más, aunque no se hubiera grabado, ni hubiera segundas oportunidades, ni repeticiones. Creo que eso me marcó el límite de la buena educación en el tema, y siempre he considerado una grosería el zumbido de la TV encendida mientras uno trata de compartir un interés que parece no tener eco alguno.

El tiempo que nos regalan -o regalamos- a otros es algo escaso en la época de agitación en que estamos inmersos, ¿por qué no darlo completamente al no compartir esos minutos con un ruido permanente y distractivo? Una vez solos de nuevo, hagamos lo que queramos, con la satisfacción de haber tenido un "encuentro cercano del tercer tipo" con un humano que me quiso por unos momentos.

Y Uds. ¿Qué piensan? Me gustaría saberlo.

7 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

Como decía en un chiste de Calvin & Hobbes:

Marx dijo que la religión era el opio de los pueblos...

...no conoció la televisión.


Saludos.

almena dijo...

pues pienso que es así como dices, que nunca un aparato electrónico, por más interesante que resulte, puede compararse al placer de compartir el tiempo con un amigo.

un beso!

MaRiPoSa dijo...

EL televisor, hace tiempo que no lo tomo en cuenta, ya ni las teleseries veo!, pues lo cambie, por el computador, y tienes razon, considero que es más importante las relaciones personales que un aparato electronico que no te ofreserá ni cariño, ni una conversación grata, no iora tus opiniones ni tampoco te insentiva a ningun acto, lo que nos limita a solo observar ya ni siquiera imaginar, todo te lo entrega y a medida que esto siga creciendo, menos poetas, escritores y musicos habran, pues estarán ocupados viendo el televisor...

También mata las relaciones de parejas, en una pelea, la mejor forma de evadir la reconciliacion es refujiarce en el televisor, aparato que jamás debe estar en la habitación ni encendido en las comidas!!!

xau..buen post

ojo humano dijo...

A mi me gusta la tele, aunque la miro poco; cuando estoy solita me acompaña ese murmullo de personas que hablan naderías y a veces es bueno oírlas para alivianar un poco el trabajo.
También me gusta la radio, ahí hablan algunas cosas más interesantes, es cuestión de horarios y saber qué botón apretar; me gusta saber qué tiempo habrá en La Serena donde se fue mi hijo, o en Chillán donde vive mi suegra ¿ves?, uno se imagina cómo están y eso...
A veces en la tarde me tomo un mate y veo monitos animados, y me río mucho. Cuando vienen los amigos los recibo en un lugar donde no hay tv y conversamos largamente, o paseamos por el jardín, en fin, yo creo que todo hay que disfrutarlo en su medida y en su tiempo...es lo que me parece...

Saludos con afecto, lindo tu post. Un día podíamos hablar de radio o de películas, que también me gustan mucho, la verda-verdá, es que me gusta todo esto de la modernidad.

ojo humano dijo...

¡ah!, y te cuento que cuando vi una tv encendida fue en una vitrina de una tienda, allá en el sur, yo era muy chica y muy curiosa, encontré que eso sí era el fin del mundo, como lo aseguraba la Palabra y me gustó sobremanera ese aparato mágico. Creo que todavía no lo usamos como debe ser, pero ya cambiará, he visto cambiar muchas cosas que parecían tan sólidas...algún día podremos ver algo de belleza reemplazando la futilidad ¿verdad?

La hormiguita dijo...

A veces pienso que las personas no apagan la TV, ni por cortesía, por el temor de perderse "algo importante". Y ocurre que nadie se acuerda de lo que vió hace media hora. Saludos!

Alemama dijo...

También me gusta la modernidad a mí, si no, ¿cómo es que tenemos blog? claro que el punto va por lo clásico: QUÉ, CÓMO, DÓNDE; CUÁNTO.

Igual que me gusta el folklore, el jazz y la música selecta me mata, tengo horarios y medidas en que son idóneos, creo. ¡No soporto una cueca a las siete de la tarde ni el jazz a las siete de la mañana! y no sé por qué, pero una tele encendida donde se supone que se comparte o se ha recibido, me carga.

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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