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viernes, 4 de junio de 2010

Fantasmas, asesinos, y otros terrores bien reales


El Chute debió apellidarse Alcántara, pero nunca pudo usar su nombre de familia ,  hasta que ya no lo necesitó porque Nicolás González, su vecino, lo mató allá en la quebrada. Se cruzaron  sus caminos y se la tenían jurada. El que disparaba primero vivía. No cabían los dos en Carrizal a la vez.

Triste historia la del Chute. Hijo negado por su padre y aborrecido de sus medio-hermanos. ¿Con razón? Por ser hijo, no, pero por ser malo, sí, y lo fue en grado superlativo. Al morir, su fama de múltiple homicida corria de boca en boca, y no eran fantasías. Cómo iban a ser si -entre otros casos- en el restaurante River Plate de San Javier hirió con un balazo de muerte a su hermano Pancho Alcántara que agonizó dos días para morir a los 26 años por el odio fratricida.

El Chute no fue amado, pero sí temido, la peor combinación para un ser resentido, injustamente marginado de niño y jovencito, sin su culpa, por nacer donde no debía.

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Narciso, un trabajador de nuestro campo estaba en la bodega con mi madre sacando unos sacos de mercadería, y ella le preguntó si sería cierto lo que se contaba del Chute, anterior señor de la casa en que habitabamos cuando yo era pequeña, y la respuesta no pudo ser peor: _¡Sí, pues, señora!, decía, mientras pateaba el piso del lugar donde se asentaban los barriles con el vino de las vendimias, aquí mismito hay enterrados dos y en Las Pataguas* otros más. Todo el mundo lo sabe.

Para una pobre jovencita recién casada, con tres niños pequeños, como era mi vieja entonces,  saberlo fue horrible. No importaba ya asi era verdad o no. Ella pasaba bastante sola en esos lugares remotos, sin luz eléctrica -como no fuera la de un motor ruidoso que sólo funcionaba tres horas- y lámparas de parafina o velas que daban sombras de miedo.

Dice que pasaba las noches en vela, con todos nosotros metidos en su cama, aterrorizada por miedo a los fantasmas y sus penaduras, en los que creía por las historias que contaban las viejas empleadas en invierno y repetían los niños para asustarse entre ellos.

Mi padre se ausentaba a menudo dejándola sola en esas lejanías. ¿Habrá pensado alguna vez en el sufrimiento que pueden producir estas creencias numinosas? Y creo que también debió preocuparse por lo inseguras que eran esas viejas casas patronales del Valle del Maule, que se abrían con un soplo, con todo el peligro que podía significar para las jóvenes mujeres que allí vivían, contando a su esposa y las empleadas que dormían bastante alejadas.



*Las Pataguas  era el lugar donde estaban las vertientes que daban agua potable a la casa. Quedaban como una cuadra más arriba, en el cerro, sobre el nivel de las  construcciones

10 comentarios:

Winnie0 dijo...

Nuestra mente inventa y aumenta dándonos pánico muchas veces..y mira que podríamos ahorrarnoslo....Me gustan tus historias Ale..Un beso

eligelavida dijo...

Qué relato tan fantástico! ¿Es cierto? Me he quedado con las ganas de saber más.

Un abrazo!

AleMamá dijo...

Es verdad lo que he contado que se creía y lo que sufrió mi madre por ello. Me lo volvió a relatar ayer. Ahora, si El Chute era TAN asesino como se decía, no lo sé, y francamente, lo dudo. Sus circusntancias familaires y la muerte que tuvo son exactas.

Nicolás González, el homicida de El Chute, era nuestro vecino, buen amigo y muy estimado de mi papá. Pagó con 5 años de cárcel efectiva.

Querubish dijo...

Las historias del campo tienen, a veces, mucho de mitología, pero a la vez harto de verdad, a veces muy cruda, como esta del Chute.

No hay duda que en el campo las cuentas se ajustan "a la antigua", terminan casi siempre en balazos o, peor aún, duelos a cuchillo.

Que bueno que transcribiste estas historias, más allá de lo terribles que son, por lo menos el Chute tendrá un epitafio cibernético.

Podrías alentar a mamá para que escriba respecto de las historias de las rondas de Carabineros a caballo por el campo, al menos yo las encuentro épicas en términos de como se "hacía patria" en aquellos tiempos, también podría escribir respecto a Rolando, el forjador y tantos otros personajes, como el Pochas, Curnes y don Polito, el trabajador que compartía su ración con Iván.

AleMamá dijo...

David, yo le pregunto y voy tomando notas de sus historias para que no se vayan con ella. Si tienes la oportunidad, podrías hacer lo mismo.

Hay muchas historias y tradiciones alojadas en el recuerdo de mi señora madre.

Un beso

Gabriela dijo...

A veces quedamos presos de nuestros miedos. Qué valiente tiene que ser tu mamá, no solamente por lidiar con sus miedos sino por no transmitirlos a ustedes.

AleMamá dijo...

La pura verdad, Gaby. Ella jamás permitió que nos contaran cuentos de aparecidos, fantasmas, Drácula ni cosas semejantes.
Fue muy valiente pues yo no me hubiera quedado ni un día sola allá con ese terror a lo desconocido que tenía y nunca ha terminado de superar. Yo, gracias a Dios, no he sufrido por cosas así. Más le temo a los vivos.
Saludos

Marta Salazar dijo...

a mí me encantaban estas leyendas cuando chica, y lo único que quería era ver un fantasma; no les tenía miedo, es más, los buscaba, je je

es que había visto Ghosbusters, ja ja

crecí con películas inglesas, libros de Roal Dahl y de Edgar Allan Peo; además del infaltable "Lo que cuenta el viento", que oían los maestros que trabajaban en mi casa y yo no le lo perdía!

mi mamá era fan del Dr. Mortis, que he vuelto a encontrar en la red :)

Oh! la superstición! yo creo que es mejor reírse de los fantasmas, hacer bromas y no tenerles miedo :)

Pero claro, si tu mamá les tenía miedo, es preferible que no les haya contado nada... para no traspasarles el miedo ;)

Un saludo grande!

AleMamá dijo...

Los terrores son los que son bien reales. Los fantasmas, lo dudo, pero de los asesinos sí me hubiera preocupado. En esos campos en esa época no era chiste la cosa.

AleMamá dijo...

El Chute se llamaba Ramón Sepúlveda. (Q.E.P.D) auqneu cuesta imaginárselo en el Cielo, pero para Dios no hay nada imposible, ¿cierto?

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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