Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!



martes, 26 de julio de 2011

Huevos de campo, de nuestro campo.


Por ahí tengo una lista de temas para desarrollar y que tratan de cosas de mi infancia que se debe parecer a la de muchos de mis contemporáneos o coterráneos al menos. No sé si muchos usarán la tecnología como yo lo hago, como  para encontrar estas nostalgias en un blog perdido entre millones, pero para los que aparezcan puede haber un atisbo de memorias comunes en estos apuntes.

En nuestra casa de campo había de todo lo necesario para cuando se cortaran los caminos en invierno, cosa que no era rara ni entonces ni ahora. El río Loncomilla es cosa seria. Por eso, también había un gallinero grande y desordenado donde las aves, mientras no cayeran a la olla, eran mucho más felices que los desgraciados pollos de ahora. Tenían mucho espacio y comidas variadas, por lo que los huevos eran firmes y de unas yemas amarillas casi anaranjadas, tanto, que cuando he vuelto a comerlos me parecen tóxicos e irreales.

El gallinero lindaba con la huerta, y no era raro que las gallinas se pasaran al otro lado a gustar antes que nosotros las verduras que eran el hobby de mi padre, y ahí hacían sus nidos y empollaban si no los encontrábamos a tiempo. Y eso era lo más entretenido, este buscar las nidadas entre las plantas espontáneas, desordenadas y pinchosas de las zarzamoras que abundaban junto con el poleo que cada verano nos dejaba su aromático recuerdo. ¡Qué satisfacción más grande el encontrar en un sitio impensado y remoto 10 huevos de todos portes y colores!, porque las gallinas de raza araucana dan huevos celestes, verdes, y otros de una gama similar que son una sorpresa para los que no los conocen y allí había muchos.

El problema para los niños era que si la pobre plumífera tenia pollitos nos perseguiría, y por eso buscábamos con prudente cuidado.



12 comentarios:

Winnie0 dijo...

A veces me gustaría "tener un pueblo" y no la capital Madrid como referencia. Animales de granja...gallinas..huevos...¡qué sensación de libertad debe dar el campo! Un beso Ale

Gabriela dijo...

Yo soy de ciudad, pero mi mamá es de una ciudad de nuestra Selva que se llama Yurimaguas. Mi abuela tenía una huerta dentro de la casa, llena de gallinas, gallos y pollos. Tenía patos también.
Recuerdo que los huevos eran una curiosidad a mis 4 años: eran verdes. Y ahora que leo tu post veo que no es el único lugar del mundo donde hay, o había, gallinas que ponían huevos verdes. Azules, eso no vi nunca.

AleMamá dijo...

Winnie, la vida más natural nos da una cierta nostalgia, pero ¡es tanto trabajo extra! creo que ahora no cambio la ciudad pese a sus problemas.

Oí a una española paseando en Alemania que decía: antes no podía salir porque debía cuidar la vaca y la viña. Ahora, compro la leche y el vino, y cuando salgo, cierro la puerta ¡y me olvido!

Sabias palabras. Así es.

AleMamá dijo...

Gaby, sí hay huevos celestes más que azules. Son preciosos. Esas gallinas los ponen y ahora están recuperando la raza por medio de selecciones, para poder exportar esos huevos que son muy solicitados por lo raros.
Saludos

Mónica Alvarez Lama dijo...

Ale:

olores y colores que hoy casi se han perdido.El poleo pude reencontrarlo hace poco y nada menos que en el jardín del edificio donde vivo.Me regresa a mi infancia.

Saludos desde Ñuñoa

BLOGUEROS CON EL PAPA dijo...

Saludos y bienvenidos al Primer Encuentro Internacional de Blogueros con el Papa
El próximo 17 de agosto nos reuniremos en Madrid en el Colegio Mayor Jaime del Amo. En los enlaces que te adjuntamos encontrarás toda la información que te pueda interesar.

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Fernando dijo...

Tienes razón, Alemamá: en la ciudad nos venden unas cosillas tan asquerosas que cuando luego vamos a las zonas de campo y pedimos unos buenos huevos fritos el color nos da aprensión, como si estuvieran malos.

Es curioso: en mi barrio hay una huevería que traen huevos de campo y que sólo abren unas pocas horas de las mañanas de los martes. Nunca he comprado en ella.

Andy dijo...

Yo soy de ciudad... y me ha dado una envidia sana al leer tu post... ¡yo me lo hubiera pasado pipa!

En fin, como todo niño de ciudad, me tenía que conformar con las excursiones a la Granja Escuela, jeje.

Un abrazo.

Cyrano dijo...

El fundo Hijaya está ubicado en la provincia de Chincha, en el departamento de Ica. Linda ciudad donde nacieron mi mamá y sus tres hermanas. El fundo era del tío Felipe. Ahí trabajaban el algodón, pero siempre hubo un lugar para los animales. Antonio era el mayordomo, que preparaba una deliciosa mantequilla de la leche recién ordeñada por los peones de campo...
Me has hecho recordar
tantas cosas bellas, AleMamá.

AleMamá dijo...

Mónica, tanto tiempo sin saber de ti. Es un gusto que pasaras.

Lo de los perfumes de los lugares en que hemos tenido sensaciones fuertes, tanto malas como buenas, no sdejan una marca difícil de borrar. Me parece divertido que en tu edificio, en medio del asfalto recuperaras el poleo de tu infancia.

Cariños vitacureños.

AleMamá dijo...

Cyrano, somos de la mismísima edad, por eso debe ser que lo que yo digo te lega más. Nacimos en una época más inocente y natural, creo yo, pero igual jugábamos con juguetes de plomo y desinfectaban con DDT....
Saludos

Irantzu dijo...

Qué lindos recuerdos, Ale! :)

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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