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domingo, 1 de julio de 2012

Planchado: ese "canastito de virtud"


Acabo de terminar de planchar 90 minutos de reloj. Me he propuesto emplear una hora en ese menester cada vez que me siento a hacerlo, porque lo hago sentada y sólo cuando no tengo ayuda de alguien en casa. Hoy estuve hora y media porque me llegó lavado extra y se me hizo más entretenido que otras veces porque con mi marido estábamos mirando (u oyendo) las noticias con el triunfo de España en la Eurocopa.

Lo del canastito de virtud es una expresión de mi madre  haciendo referencia a los cuentos de hadas en que una caja,  botella, o lo que sea, eran mágicas y no se vaciaban nunca; la ropa limpia por planchar tampoco.

Mi vieja plancha dedicadamente y en forma maravillosa y ella es la que me da los tips para hacerlo mejor. Por poner un par de ejemplos puedo recordar eso de planchar 60 minutos cada vez. Se avanza bastante y no se termina con la espalda en la mano como pudiese suceder si fuera más. También ella rocía la ropa para humedecerla, como enseñaba la vieja escuela. Así es más fácil estirar arrugas rebeldes. Lo de hacerlo sentadas también es consejo de ella.

La experiencia ajena ayuda a no cometer errores ya superados por los antecesores, cosa que no siempre he aprovechado. Mea culpa, y muy tonta, pero ya aprendí.

Un regalo de mi parte: Acá enseñan el ABC de cómo planchar bien*

14 comentarios:

AleMamá dijo...

Al preparar este post me acordado de mis amigos solteros que deben hacer frente a esta necesidad. He pensado en Fernando, en concreto, que muchas veces ha tocado como de pasada el tema del lavado y planchado.

ojo humano dijo...

La plancha es un misterio que no deseo descubrir.

Gabriela dijo...

¿Será que es casi humano ignorar las experiencias de los que vinieron antes que nosotros?

Ajovin Puente Mateo dijo...

Planchar lo veo tremendamente duro y complicado. Ese saber colocar la ropa en su posición perfecta para pasar la plancha buscando las hombreras por ejemplo.
¿Como es que no han encontrado la manera de planchar sentados?
Si plancháramos los hombres (más) ya lo habríamos inventado.

Medranica dijo...

Se puede planchar sentado. todo esta en poner una posición mas baja en la tabla,. Asi lo hacia yo cuando me dio la ciatica.

dolega dijo...

Creo que ya lo he comentado en algún otro sitio. Yo hace años le cambié a mi marido la plancha por la conservación y mantenimiento de la caldera de gas y los automóviles de la casa.(llevar los autos al taller, las revisiones y esas cosas que odia)
Eso si, él como no podía ser de otra manera, tiene el "super centro espacial de planchado de tropecientos bares de presión y planchado vertical pataflás"
Besazo
PD. Mi madre ha planchado sentada toda la vida. Yo no he sido capaz nunca, no puedo tengo que levantarme.

susana dijo...

Es estupendo saber disfrutar de las rutinas de cada día y más si las has aprendido de tu madre. Un beso.

Fernando dijo...

Así es, Alemamá: me gusta planchar, si tienes puesta la radio puedes estar horas haciéndolo, distraido. Lo que me parece incómodo es hacerlo sentado, supongo que te vendrá bien por la espalda.

El planchado es una buena ocasión para el trabajo bien hecho: los puños, los cuellos, la parte alta de las mangas, todo se puede hacer superficialmente o con cuidado, para que no quede ni una arrugita.

yeste lima dijo...

Has tenido suerte de tener los consejos de tu madre y seguirlos... a mí, por ejemplo, que me paso al día dos horas como mínimo planchando, a veces, tres, me es imposible sentada, lo he intentado varias veces y termino por levantarme porque lo hago mejor y más rápida.

Me gusta planchar, es una de las tareas de la casa que me más gustan, pero es verdad que terminas... "con la espalda en la mano" (nunca había oído esa expresión, me gusta).

Un beso gordo.

Juan Ignacio dijo...

Tu marido japonés apreciará tu esmero; teniendo ellos, los japoneses, esa tradición tintorera y de prolijidad y etc.

De todos modos para la plancha no hay nada mejor que... un bife.

esteban lob dijo...

La verdad, Ale, es que soy un afortunado en el sentido que como hijo único primero, o por estar casado con una mujer de estilo "antiguo", las que no consideran la teoría de la igualdad de sexo para todo,nunca he debido planchar, salvo en el otro aspecto de la palabra, porque el ridículo lo he hecho más de una vez.
Así y todo celebro que las nuevas generaciones de varones sí planchen, cocinen o cambien pañales, cosa que hace mi hijo, quién ciertamente se siente mucho más realizado que yo en la materia.

Un beso.

Marga dijo...

Para hacerle compañía a Esteban he de decir que no recuerdo haber planchado nada en mi vida, quizá unos pañuelos de mi padre cuando era niña solo para "halagarlo" pero nunca por obligación. Sin embargo siento que hoy Ale haces poesía la recordar las enseñanzas de la mamá y recordarnos a todos que hay que aprender de los errores y aciertos de otros.
CUalquier oportunidad, hasta el comentar en un blog es ocasión de hacer algo bien, como dice Fernando , no hay que perderse en laberintos para hacer algo bien hecho, lo tienes a mano;: frente a tí. No solo hacer algo con buen acabado sino hacer algo por el bien de otro sin siquiera dudarlo. Por ejemplo, planchar una camisa a alguien a quien amas, eso solo ya es un poema... y claro, si encima lo haces como se lo hacía su madre... doble punto...
En fin, que me enredé, que no plancho, pero sí aprendo, o por lo menos, le hago el intento...

Cyrano dijo...

Planchar bien es un verdadero arte...no se como lo hacen, es un don.Colocarse una prenda bien planchada esta reservada solo para los que habitan el olimpo

AleMamá dijo...

Cyrano, creo que ese Olimpo no está reservado para mi marido. No plancho demasiado bien porque lo he hecho muy, pero muy poco en mi vida.

Saludos

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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