Comentándole a mi amigo Fernando sobre sus paseos por Madrid y los cambios que ha visto en su entorno, me ha hecho recordar que en todos lados pasa lo mismo.
Sin ir más lejos, ayer fui al centro de Santiago. A la Catedral para más señas, en plena Plaza de Armas, lugar fundacional de la capital de Chile. Casi no voy porque vivo en otro sector, pero siempre me sorprendo por los cambios. Siempre los hay. Algunos leves, como una tienda de siempre que no pudo con los precios de la competencia china, o un edificio remodelado en que dejaron sólo la fachada para llenar su cascarón tradicional con un edificio inteligente de última generación, o alguno que creció mientras yo dormía...en fin. Las ciudades, como el idioma y la vida, son dinámicas.
Roma no se construyó en un día y las otras urbes tampoco. Como las casas, hay que mejorar y sobre todo conservar y mantener, y para ejemplo un botón: nos estacionamos en los NUEVOS estacionamientos del VIEJO Teatro Municipal, que está siendo refaccionado luego de los daños del terremoto. Es una joya que reconocemos, pero quedará mejor luego que lo reinauguren el 4 de agosto. Tengo abonos para la ópera y veré personalmente las mejoras.Ya les contaré, espero.


