Acá está el fruto de mi fantasía. Si me cuentas qué te pareció te lo agradeceré.
Tengo frío. Ni el viaje en bicicleta ha logrado calentarme el alma. Quizás la compañía de mi mujer lo hubiera logrado, como al principio, pero dejé enfriarse el amor por una botella. Sí, estoy con ella, y es muy dócil: si la dejo, se queda quieta a mi lado, y si la empino, se vacia dentro de mi garganta y me da el calor que contiene, completo, de un viaje. Su licor barato me quema las entrañas, y está bien, me reconforta, me siento valioso, fuerte y conquistador del mundo hasta que el ardor se esfuma y la boca se me seca. El pestañeo me trae de nuevo al paradero de unos buses que no me llevarán a ninguna parte confortable, pues adonde vaya iré conmigo, y conmigo va el dolor, el fracaso, la mala sombra y la culpa del que no ha sabido amar ni ha dejado que lo amen.
Tengo frío, un tipo de frío que no se acaba, que sólo se disfraza en alcohol para volver a engancharse en mi cuerpo, en mis pensamientos y recuerdos; un frío que se hace peor mientras más se huye de él y que se cristaliza endureciéndome la voluntad y los huesos que me harían mover para buscar el amparo y el calor que me darían el pronunciar una sola palabra..... esa que tengo en los labios pero que nunca ha salido de mi boca.









