Siguiendo con el tema de las cartas de antaño.... (¿habrá otra qué palabra que envejezca tanto?)....**********************************************************
Rezumo una pena negra cada vez que mi pensamiento regresa a un episodio de cuando era colegiala quinceañera, se los contaré para aventar fantasmas y volver a pedir perdón, pero no sé a quiénes, salvo a Dios que ve mi dolor y arrepentimiento.
Casi en verano, un día caluroso con muy poca gente a la hora de la siesta, nos juntamos un grupo de compañeras del colegio en la plaza. Frente a ella estaba el correo y a una tal Marcela M. se le ocurrió ir a ver su casilla. Entramos al fresco recinto y no había nadie más que nosotras cuatro y luego de comprobar que no había nada en su casilla postal, Marcela M. nos propuso hacer algo que ella hacía siempre, según nos contó, y metió su largo brazo por su casillero y lo subió hasta el de arriba, tomando al azar una carta que allí había.
Nunca he sido amiga de lo ajeno ni por jugar, y eso me chocó extraordinariamente, pero las demás encontraron muy entretenido espiar correspondencia ajena, y abrieron el sobre sin más. Sentadas bajo los árboles comenzó la lectura que jamás debió ser, y era nada menos que la carta de un reo, que le escribía a su mujer. No recuerdo si novia, esposa, o qué, pero lo más tremendo era que le daba explicaciones postergadas, largamente maduradas y dichas con la esperanza del que depende de esas confidencias para salir adelante. Declaraba su amor y quedaba a la espera ansiosa de una respuesta favorable..... ¡y todo jamás llegó al destino escrito en el sobre!
Yo creo en la Providencia, y que todo es para bien; que Dios es suficientemente grande como para sacar algo positivo de lo negativo, y así se lo he rogado todos estos años. Mi falta fue haber callado, no haber tomado la carta arugada que quedó en ese basurero frente a la Municipalidad y garrapatear anónimamente la dirección en otro sobre y ponerla en un buzón, pero a los quince años uno no siempre tiene las armas para oponerse a la masa. ¡Ay qué dolor!






