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lunes, 24 de mayo de 2010

Preguntas sin respuesta


No  supo expresar sus sentimientos, sin embargo era muy sensible. Tenía MUY mal carácter, pero nunca se puso en duda lo tierno de su corazón. Nunca su relación fue fluida. Nunca entendió a su padre. Era por definición, contrradictorio.

Tenía  buenas ideas, más se resistía a aceptarlas por el modo dogmático en que las expresaba. Su autoritarismo le llevaba a discutirle hasta en lo que evidentemente tenía razón. Si podía, lo evitaba cuando era joven, y cuando era viejo, ya el daño estaba hecho, pues el estar juntos contenía un gran porcentaje de silencio, de conversaciones educadas, para llenarlo de algún ruido que lo hiciera menos pesado. Era un silencio oneroso, no un silencio lleno de ecos como los que mantienen las personas que se entienden sin palabras. 

Le gustaba mucho su forma en que relataba las cosas que conoció, pues lo hacía con exactitud. Lo que sabía lo sabía tan bien, que era un placer que lo explicara, como cuando le contaba de antiguas técnicas para cosas ya superadas. ¿Cómo hacer una rueda de carreta forrada en metal? Nunca pensó en el arte que requería, pero el viejo, que las vió construír, sabía el secreto.

Siempre "tiró" hacia el lado de su madre, pensando en que la esposa era una víctima del modo de ser del viejo, sin darse cuenta de que él sufrió lo suyo con el carácter de ella, que no era nada fácil porque con el modo terrible del marido se fue acorazando hasta hacerse antipática en el trato. De tanto anticiparse al latigazo de la lengua que preveían, no se dieron la oportunidad -como esposos- de ser amigos y escucharse sin prejuicios. El picoteo, la ironía entre ellos era lo habitual y el desagrado que producían en los que los rodeaban llevaba a evitarlos por igual si estaban juntos.

Murió el anciano, murió su padre, y de tantos silencios, de tanta palabra sin sustancia, de tantas horas rellenadas de vacío quedaron las preguntas importantes sin respuesta.




11 comentarios:

Terly dijo...

¿Y quién no tiene preguntas que se quedaron en el tintero?...
Yo tengo muchas de las que me gustaría tener respuestas, pero ya no es posible.
Un beso.

Gabriela dijo...

Tantas cosas no dichas... a veces pesan más que las que si se dicen.

Winnie0 dijo...

Ale ...yo lo hablaba TODO con mi padre. Sentarse y escucharle era maravilloso...era un aprendizaje y una serenidad continuos....Nunca hubo silencios y ´si los hubo...los llenamos al poco con nuestras miradas. Un beso

Fernando dijo...

Hola, Alemamá.

Leyendo tu post sentí un escalofrío. Sentí que nos habíamos conocido, en la escala de tu viaje de ida o de vuelta a Roma, y que habíamos hablado mucho de la vida.

Tu post refleja muy bien la realidad, no siempre alegre, de muchas familias. De repente suena la campana de la muerte, y muchas conversaciones quedan pendientes para siempre.

Gracias por el post.

j.a.varela dijo...

Duro pero hace pensar. Qué triste por ejemplo que las preguntas referentes al final del Viaje con mayúscula, hubieran quedado sin respuesta. Y lejos del consuelo de los Sacramentos.

TORO SALVAJE dijo...

Por razones personales me ha emocionado profundamente.

Besos.

maria jesus dijo...

Aún sin problemas especiales, siempre quedan cosas por decir o preguntar

AleMamá dijo...

Toro salvaje: sin quererlo, fuiste tú el que me inspiró este post. Perdón por el tardío reconocimiento.

AleMamá dijo...

Juan Alberto Varela: sí,las respuestas más importantes para un creyente son relativas a si parte de este mundo con el "pasaporte" sobrenatural al día. En el caso relatado, dentro de lo posible conocer, sí lo hizo.

AleMamá dijo...

Gaby: ¡cuánta razón tienes, mi amiga! los silencios son los que duelen.

AleMamá dijo...

Winnie, qué linda relación con tu viejo. ¿Será que ya había practicado con los ocho mayores? nooooo, es algo del caracter.
Un beso

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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