Ilustración de Howard SchechtmanNo, no quiero matar la televisión, pues no es ni buena ni mala, todo depende de su uso o abuso, pero al buscar algo del tema me topé con
esta página muy ilustrativa, por si quieren verla.
Hace un tiempo, hemos ido ir a visitar a alguien a quién no vemos mucho. Fue agradable pues realmente los queremos, pero la duda es: ¿Corresponderían ellos nuestros sentimientos en ese momento en que logramos llegar?
La duda es atinente pues tenían la TV encendida y no la apagaron durante los veinte minutos de nuestra visita, tan sólo pusieron en "mute" el aparato, pero era evidente que seguían mirando el programa por sobre nuestros hombros ya que nos colocamos de modo de verlos a ellos, por lo que el televisor quedó a nuestras espaldas....
En casa, nuestro padre se encargó de no comprar un artilugio de esos pues consideraba que nos distraía de los estudios, y sólo lo hizo cuando nuestros hermanos se empezaron a ausentar misteriosamente de la casa para ir a la vecina a ver una serial de la época. Consideró -con razón- que ya que el enemigo era tan poderoso, al menos quería observar personalmente que los contenidos fueran adecuados para su prole.
Mi madre nos dejó claro siempre que si llegaba alguien a conversar con nosotros la tele se apagaba sin más, aunque no se hubiera grabado, ni hubiera segundas oportunidades, ni repeticiones. Creo que eso me marcó el límite de la buena educación en el tema, y siempre he considerado una grosería el zumbido de la TV encendida mientras uno trata de compartir un interés que parece no tener eco alguno.

El tiempo que nos regalan -o regalamos- a otros es algo escaso en la época de agitación en que estamos inmersos, ¿por qué no darlo completamente al no compartir esos minutos con un ruido permanente y distractivo? Una vez solos de nuevo, hagamos lo que queramos, con la satisfacción de haber tenido un "encuentro cercano del tercer tipo" con un humano que me quiso por unos momentos.
Y Uds. ¿Qué piensan? Me gustaría saberlo.