No me imagino quien tendrá un tour por una maternidad de algún país que visite. No puedo, pero yo sí la tuve ayer. Mezclada con los futuros padres y los profesionales que atenderán la llegada de esos hijos, luego de una charla y respuesta a las inquietudes de los presentes --que seríamos unas 100 personas por lo menos-- recorrimos el lugar donde nacerá mi nieta en Alemania.
Comprendo sólo un poco de alemán, pero las imágenes son tan universales que, unidas a la experiencia de cinco hijos, me dejaban claras muchas cosas, admirándome muchas otras, como la variedad de posibilidades que hay para elegir el modo en que llegue tu hijo al mundo, el tipo de medicamentos, incluyendo sin aspavientos homeopatía y acupuntura, masajes y otros.
Mis hijos nacieron en pabellones quirúrgicos aptos para operar a corazón abierto con circulación extracorpórea, incluso, lo que da mucha seguridad, pero es absolutamente sobredimensionado para un parto que se prevé normal, amén de lo caro que eso resulta para el bolsillo estatal o privado, depende del caso.
Acá existe la opción de parir en una tina con agua, pero sin anestesia. Es una sala de tamanno nomal, con una tina rosada fuerte, más todo lo necesario para recibir a la criatura y atender emergencias. O si prefieres, podría ser una cama bastante redonda e incomprensible para mi --mi poco de alemán no alcanzó para la novedad-- salvo el coqueto lazo colgado desde el techo, que debe ser capaz de soportar el peso de un piano de cola (¿alguna ayuda para que las parturientas pujen?) casi como en las películas, aunque nadie mencionó la bala para morder, esperable entre tantas posibilidades, no?
Por último llegamos a unas salas de partos más tradicionales, no dramáticas, con todo lo necesario y algo más, a escala humana, como un dormitorio grande con muchos cajones con implementos médicos, pero también con alegres dibujos pintados en las paredes, con puertas normales, en fin, todo como para hacer del momento algo entrannable sin descuidar nada.
Las cesáreas se hacen en un par de pabellones un poco más allá, pero no las visitamos, obvio.
Muy novedoso fue para mi una especie de "bar lácteo" para recién nacidos; una sala con luz suave, silenciosa, con mesas e instalaciones como de un café, donde las madres pueden ir a dar de mamar a sus hijos, pues queda al lado de la sala cuna. Pueden mudarlos si desean, y se les ensenna a hacerlo en un ambiente profesional distendido, narural, que me encantó. Había algunas amamantando y presumo que nuestra intromisión debe haber sido muy desagradable, pero verlas fue ilustrativo de la idea.
Quedé contenta de ver donde nacerá Isabel Alexandra.