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lunes, 7 de noviembre de 2011

Visita del pasado. Cuento de AleMamá


A veces escribo cuentos. Me encanta inventar cosas, pero no siempre me animo a publicarlas. Ésto lo tenía olvidado, y lo encontré buscando unas historias escritas por mi madre que he subido acá: La Pluma de Irma Rodríguez Nuss Releyéndolo, no lo encontré tan impresentable y lo cuelgo acá, a ver qué les parece a mis amigos. Sean sinceros, necesito objetividad para mejorar muchas cosas y de tan buenos que son, se guardan una crítica constructiva. Conmigo, no callen, por favor.
Mientras el agua borbotea, corro a ver el correo. ¡Nada interesante! ni el spam, con la misma oferta de Cialis de siempre, que lata. Pero a ver, espera un momento, aquí hay uno de la Rosita, que va a venir después de todos estos años, ¡y yo con esta peluca de siete colores, impresentable, que me hace mayor de lo que soy!.... pero, nada, a ella también le han sumado los años; para nadie pasan en vano, vinieron como okupas, para quedarse, malditos sean.

Bueno, cambio de planes, anota: pe-lu-que-ría, cita urgente con François le sensualité, como dice que le decían en París y que ahora acá le dicen Pancho, el zaz. Tiene arte este personaje, de verdad, logra hacer de una cincuentona una joven de buen ver, ¡y vaya si lo necesito! no me gusta estar viuda, sola y más encima, desaliñada, fea y deprimida.

¿Qué será de Pedro, su hermano? supe que le ha ido muy bien en sus negocios, pero en su vida privada más o menos; bien desgraciado que ha sido el bombón de nuestros sueños adolescentes. ¡Ay! Como que no quiere la cosa, le sacaré algo a mi amiga, si no se pudo antes, capaz que ahora resulte. Bueno, manos a la obra.

Pasa la mañana, pasa la tarde, todo como siempre, pero el corazón camina más rápido, quién lo pensara, un recuerdo y todo cambia, aunque sea por un rato. ¿A qué hora vendrá la Rosita? ¿Atrasada como siempre? ¡qué nerrrviosss! ¡Ding-dong! ¡dong-ding! ya la tengo aquí, y está regia, regia, regia, flaca, buena ropa, elegante, como nunca, ha aprendido en estos años, bien por ella; ¿qué impresión le estaré causando? nos miramos como dos inquisidoras buscando arrugas disimuladas, cirugías, cejas tatuadas, postizos, presbicias, pero nada, está impecable.O no ha sufrido, ha estado en hibernación, o tiene un cirujano extraordinario. Casi no me atrevo a compararme, salgo muy mal parada.
 Ay, cómo no me quedé como cada día sorbiendo mi café, leyendo las noticias que suceden bien lejos de mi, donde basta con una lamentación abstracta, sin complicaciones que me involucren, mientras, sé cada paso de mi agenda aunque ni mire el reloj. ¿Quién me mandó a armar panoramas que remuevan el pasado que bien estaba bajo capas de cómoda rutina? Ahora ya he invertido en mi pelo; he trabajado extra para ordenar mejor la casa, a la que no le dedicaba una mirada de extranjera para mejorar los detalles, que de tan vistos ya no los veo; me he pasado películas imaginarias con Pedro, en las que aún somos jóvenes con futuro --tan viejos no somos-- pero en realidad no tengo ni ánimos para el esfuerzo que implica una nueva relación, y menos si ni siquiera sé en qué está Pedro hoy.
¿En qué momento he renunciado por una tarde a mi rutina protectora ante los avatares; los años acumulados; las inseguridades ante nuevos desafíos por revolver recuerdos que creía dormidos y que con su despertar me hacen daño? 

La Rosita ya se va, regresará a su hogar en el norte donde se conserva como en los recuerdos. De Pedro, nada, no vaya a ser que sea como ella: inmarcesible. No me atrevo a embarcarme en el intento, no digamos aventura.

Nos despedimos mientras se cierra la puerta. Nos dijimos lo que se esperaba que dijéramos, es buena y simpática, como siempre, soy yo la que se marchita. Todo estará en el lugar de costumbre, del que no debiera haber salido y del que seguramente no saldrá, pues yo se lo habré impedido.

12 comentarios:

Gabriela dijo...

Que la narradora no sienta que se marchita luego de la partida de Rosita. Solemos creer que el jardín del vecino es más verde, y a veces, muchas veces, no es así. Que alguien le diga que una cabellera de siete colores no es señal de decadencia, sino simplemente de una mujer que no teme demostrarle al mundo que ha vivido. Y que ha vivido tan feliz que no teme dejar que se note.

Juan Ignacio dijo...

Tiene ritmo y es linda la historia. Es algo triste.
Lo que no me queda claro: ¿Qué es exactamente eso de "quemar petardos" allá?. ¿Algo como "quemar unos cartuchos"? ¿Pero en este caso aplica a algo como hacer algunas confesiones?

AleMamá dijo...

Juan Ignacio, "quemar algunos petardos" es lo mismo, pero menos importante pues los petardos no hacen daño.

En realidad, creo que debo revisr eso, porque hay una falta de concordancia, lo acabo de notar, al releerlo ahora. Gracias por tu opinión. Así nos ayudamos.

AleMamá dijo...

Gaby, linda tú. Gracias por tu opinión.

Lo de la cabellera de 7 volores lo digo por descuidada y llena de franjas de distintos teñidos en diveros estados de abandono. No es algo propio de la edad, sino de una dejación, por sentir que no le importará a muchos. Creo que arreglarse y estar presentable es signo de buena salud mental.

Cariños y grcias por animarte a leer algo un poco largo.

ojo humano dijo...

Interesante, aunque medio bajoneada la protagonista. Podía -como tú- exhibir sus blasones intelectuales y la mata de un paraguazo a esa Doriana, jejeje.
Deberías escribir cuentos. Te salen naturales. Y un final más ¡punch!, como que le da un coma diabético a la Rosita esa y va a parar a la posta..., tú sabes que me gusta el drama.
Anímate, de verdad, se lee bien.

Abrazos.

AleMamá dijo...

Jejeje, Toyita, una "Doriana", jeje me has hecho sonreir.

Tengo otros cuentos que quizás iré subiendo, a ver si me animo. En todo caso, el que Uds. me digan la verdad me ayuda.

Lo de un final impactante, lo tendré en cuenta. Gracias

AleMamá dijo...

Al final, saqué lo del petardo, jeje. Sí, queda más claro así.

Winnie0 dijo...

Pues está bien entretenido Ale....y sobre todo está....melancólico...¿los encuentros con gentes que formaron parte de nuestras vidas? Uy, esos son difíciles cuando han pasado años.... yo debo reconocerte que si puedo....los evito Un beso

Juan Carlos Partidas dijo...

Sinceramente me gustó mucho el relato, Alemamá. Coincido con los puntos de vista de Gabriela. Seguramnte la Rosita estaba igual de nerviosa que la protagonista. Como el miedo, la necesidad de ser apreciado(a) es gratis y se da por doquier.

El estilo literario es bien interesante. La sucesión de frases cortas van dando la sensación de algo que se avecina, de tensión.

En fin, la visita del pasadó no me defraudó para nada y, de paso, aprendí una palabra nueva: inmarcesible. :)

Un abrazo!!!

Fernando dijo...

Me gustó mucho, Alemamá. Está bien logrado el estilo espontaneo, como si la narradora hablara a una grabadora y luego lo pasara al ordenador, eso es algo difícil de lograr, algo fresco. En particular, me gustó especialmente el párrafo que empieza diciendo "Ay, cómo", es una reflexión que rompe -acertadamente- el ritmo de la historia, que nos lleva al interior de la narradora, eso queda bien, me parece. Y es bonita la melancolía por Pedro y el deseo final de no saber de él, no más desengaños.

Me hizo gracia que en Chile uséis nuestro "okupa". Me hizo gracia, también, que la calificaras de "regia", hace poco Juan Ignacio hizo un post sobre esa palabra. Y, en fin, es exacto lo de la "mirada de extranjera", así es como uno supervisa su casa cuando viene un invitado.

No se me ocurre ninguna crítica, lo siento.

Cyrano dijo...

El relato es bueno, pero se pudo
completar mas dejando que Rosita se expresara, aparenta ser una muda visitante estoy seguro que algo significo Rosita en su vida aparte de ser la hermana de...? Otra cosa, que paso con la auteestima de la narradora,en el cuento que la visita hubiera sido menos tensa?

AleMamá dijo...

Gracias por sus opiniones y críticas. Es justo lo que deseo que hagan mis visitas.

Algo de mí

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Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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