Cada año me hago la
'lesa*' con el cambio de estación, en cuanto meter y sacar ropas a los closets. Sí, me demoro un largo rato porque es generalmente traumático el ejercicio.
Para empezar están la perpetuas preguntas: ¿Cabré en esos pantalones este año? ¿Se usará aún esa blusa adorada que no me queda hace 5 años y que me niego a tirar? ¿Dónde meteré tantas cosas guardadas para todas las tallas en las que me muevo? ¿Valdrá la pena?
Ya está hecho por estos próximos 4 ó 5 meses, y ya he pasado por el trance de hacer de tripas corazón probándome algunas prendas que gracias a Dios SÍ me quedaron bien.
Lo mismo me pasa con los zapatos. No acumulo ni tengo demasiados, pero igualmente podría tener menos, porque me ha pasado que he olvidado algunos zapatos abiertos rojos, por poner un ejemplo, y me he comprado otros casi idénticos (los gustos están bien impresos en la mente, me parece) ¿y para qué quiero DOS pares similares? Rápidamente junto la ropa descartada y la llevo donde sé que la ocupan, sabiendo que después de un rato que las he entregado me arrepentiré de soltar alguna prenda especial. También me ha pasado que he regalado prendas nuevas, sin uso, que aún tenían sus etiquetas y se me han ido por error.
¡Quién como mi hermana de Costa Rica, que todo el año usa lo mismo! Ella se queja de que se aburre con la ropa y hace un simulacro de cambio estacional guardando la mitad de su guardarropa cada seis meses. Nadie está conforme, parece. ¿Tendrá razón?
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*leso, sa.
3. adj. Chile. Tonto, necio, de pocos alcances.