En casa tenemos un buen plan de salud. A la edad de mi marido -ya pensionado y vuelto a contratar- es una excepción muy poco frecuente. Además del seguro corriente que cada persona que trabaja debe tener en Chile tenemos un seguro complementario que nos paga una buena parte de lo que el primer seguro no cubre, pero hay que llenar papeles y presentarlos dentro de un plazo en la aseguradora, y he ahí el problema, porque mi amado cónyuge se complica mucho. Con su mentalidad de que "los-papeles-mandan" los saca del sitio que les tengo asignado a todo lo que es salud para guardarlos en recónditos escondites para no olvidarlos, pero claro, es fijo que los olvida -porque es un hiperquinético, distraído sin remisión- y me los pide a mí jurando que jamás los vio ni los tuvo en su mano, ni na'de na', haciéndome saltar y revolverlo todo para encontrarlos donde es imposible que estén. ¡Ay!
Hoy ha sucedido de nuevo, y me hace urgirme, porque no tiene los comprobantes, los plazos se vencen y van a cobrar el cheque en garantía por 10 veces lo que nos saldrá por el seguro, etc, y luego del mal rato me llama para decir que los tenía, tal como le dije, en su oficina.
Es tan bueno el hombre, tan reiterados sus defectos, y tan previsible mi reacción de espanto porque se perdieron los papeeeeeeleeeesssss una vez más. Por suerte en 41 años de convivencia ya no nos enojamos por más de 5 minutos. Claro, requiere práctica. No siempre ha sido así.







