
Aún hace algo de calor en mi país mientras se anuncia el otoño con sus lindos colores y "crujencias" particulares, pero todavía hay moscas que zumban sin quedarse y sin partir, recordándome de mi infancia esas interminables horas muertas del verano en que mi abuela dormía una siestecita mientras el calor apretaba y yo me dedicaba a mirar volar las inevitables moscas del campo.
Seguir su vuelo es todo un ejercicio de concentración, descansa, lo mismo que mirar nadar con atención los peces de un acuario o seguir la trayectoria de la punta de un lápiz, etc y no sé bien por qué. Me suena algo de ondas alfa, vaya uno a saber, pero las moscas....















