Un rincón para detenerse con buen clima en general. Como en todos los sitios, acá no faltarán los nubarrones, pero con que pasen, ¡todo en su lugar!



viernes, 16 de septiembre de 2005

Deja-vu del futuro incierto.

La imaginación se me va cuando veo los lugares que quisiera visitar despacio y gustando el sabor local sin apuros.

Hoy he visto fotos de los Dolomitas en Italia, por los que transité sin poder parar por el apuro de llegar a Roma y partir a la desbandada en seguida de lo que YO iba a hacer ahí: la canonización de Josemaría Escrivá por Juan Pablo II el Magno el seis de octubre de dos mil dos.

¡Hay tanto que ver en el mundo y dan ganas de hacerlo algún día!

Antes la gente no salía de su entorno pequeño y era feliz, sin esta nostalgia por lo que queda más allá de sus fronteras y de sus medios reales. ¿Cómo evitarlo? Miro muchas fotos, en las series o películas me fijo tanto en los personajes como en el entorno, feo o bello, para suplir lo que intuyo pero no alcanzo y así cuando lo vea --si es que lo hago-- será como vivir en un sueño, un deja-vu que disfrutaré por lo inalcansable que lo veo hoy.

De cualquier forma, el haber podido pasar por ahí aunque sin detenerse es algo que no tiene precio y estoy muy agradecida. Lo que quedó sin ser, que me quede junto al recuerdo de los maravillosos momentos que he vivido.


Gracias a los que lo hicieron posible.


miércoles, agosto 10, 2005

Hemisferio Sur



Unos meses atrás
para el norte mandé la primavera.

Para recuperarla en forma oficial
ahora escribo,
porque de todos modos ella insiste
en venir por una temporada
hasta que decida
cambiar de aires nuevamente
y llevarse sus pájaros
prendidos en sus vientos.

Ya se nota otro ambiente,
más de fiesta, diría
y para muestra,
¡no un botón, sino centenas!

Hoy he cortado,
del árbol de la calle,
unas ramas
en que apuntan apenas
unas yemas preñadas.
Promesas reventonas,
pop-corn estacional...

Las puse en el florero azul,
redondo,
a la entrada de casa,
saludo inaugural
de nuevos soles
en el hemisferio sur
de este planeta.


Santiago de Chile, 15 de agosto de 2000.

Estrenando memorias. Las más antiguas.

Oigo ladrar perros en la noche. Son perros alerta, perros de casas, perros que cumplen un deber y alegran un hogar. Son ladridos de canes cautivos, amigos del hombre: personas que los aman y los cuidan. Buena alianza desde tiempos inmemoriales de mutua conveniencia. ¿Cuando nos descubriríamos mutuamente?

Desde mi más tierna infancia los perros y sus comunicaciones nocturnas están presentes. Siempre hubo de estos primos de los lobos y dingos cerca de mi hogar. Mi madre los ama y tiene una paciencia y un don para educarlos que yo no he cultivado por tener una familia de gatos un tanto extensa, incompatible con los mastines, pero amigables con mi jardín. ¡Punto en a favor para los mininos!

Los ladridos entrañables que me retrotraen a mis tiempos de las visitas invernales a la abuela Mimí en Villa Alegre. Inviernos en que las luces legañosas de la calle daban sombras fantasmagóricas dentro de la galería laaaarga ¡como vagón de ferrocarril! sombreada en verano por el viejo nogal que en invierno, ya desnudo, sólo dejaba caer de vez en cuando alguna nuez olvidada que rodaba por el techo de zinc haciendo su "toco-toco-toco-toc-toc-toc" característico.

Junto a los perros son los sonidos nocturnos más especiales y --creo-- los primeros de los que yo haya tenido conciencia y que hasta hoy me llevan a ese hogar que mantenía ardiendo el amor de mi abuela, y, curiosamente, también me hacen volar hacia tiempos pasados en las noches de campo en Carrizal, con su silencio alterado sólo por los ladridos, quietud que desde muy lejos permitía oír venir algún vehículo por el camino ripiado, con sus cerros cortados que se iluminaban a su paso, para seguir de largo haciendo saltar las piedras que pegaban contra su panza de metal sin molestar mucho por ello a sus misteriosos ocupantes.

Mirar por el reflejo.

Hoy Felipe salió algo atrasado al colegio. Como siempre haciéndole puntería para aprovechar hasta el último minuto de paciencia de su padre mientra él en el baño lee rápidamente lo único del diario que le interesa saber medio dormido: Los deportes.

Yo no me había levantado pero desde las seis y media estuve recibiendo una clase maravillosa de fisiología vegetal del último libro con que se nutren los intereses científicos de mi amado esposo. No es broma: lo pasé bien pues lo explica con la pasión del que entiende un tema como no lo vemos los demás y es realmente lindo el saber por el saber, de lo que sea.

Bueno, Felipe se ponía su uniforme y yo lo miraba por el reflejo del televisor del estar, y pensaba que a las personas las vemos siempre como en un reflejo de su realidad. ¡Y reflejo de un televisor lejano y apagado, oscuro, algo convexo y pequeño en este caso! ¡Cuánto de lo que ese hijo que tenemos al lado cada día desconozco, se me escapa y nunca lo sabré! ¡Cuántos prejuicios tenemos por ver por esos lentes deformes, prejuiciados que etiquetan, y, como esos pegotines que nunca se terminan de sacar o al menos dejan la huella de su goma, los prejuicios quedan pegados a cada persona que se los colocamos!


Me causó una ternura muy grande ver hoy las cosas de este modo. A ver si nos miramos más de cerca para no necesitar etiquetar a nadie.

El Mayor.



T
engo hace algún tiempo ganas de ir escribiendo vivencias, recuerdos y anécdotas de cada uno de los miembros de mi familia. No sé por qué, es como un vago sentimiento de que hay que apurar el paso si queremos dejar recuerdos pues no sabemos ni el día ni la hora en que nos los llevaremos con nosotros sin dejar rastros.

Comenzaré por el principio y es “El Mayor”, obvio, no hay que poner los bueyes detrás de la carreta....

¡Cuánto desee ese hijo a los 20 años que tenía cuando decidimos casarnos con mi viejo ! Podría decir que lo soñaba junto con mi amor reconocido ante Dios y la ley de Chile al lado de mi Catito. Del primer hijo hablábamos en las cartas que nos escribíamos por haber pololeado a la distancia y sin Internet, ni siquiera un teléfono donde hablar en privado, y que Cato en un arranque de vergüenza, por ver expuestos tan sinceramente sus lindos, románticos y hasta un poco relamidos sentimientos, las quemó en una pira que lamento hasta el día de hoy, pues uníamos nuestro amor con la familia que de él se derivaría; Simplemente no concebía yo un matrimonio sin su secuela natural y lo más pronto posible.

Hablo por mí, Cato puede decir su parte.

Yo pensaba en el mayor como que sería hombre, no sé porqué, y en mi imaginación lo sentía en mis brazos tibio y con olorcito a recién bañado y con fragancias. Se demoró en hacer el anuncio de su arribo al mundo, pero en diciembre de ese año ya era evidente que crecía dentro de mí ese niño que ibamos a amar tanto yo como su padre.

¿Se parecería a mi esposo? ¿Sería sanito? ¿Sería capaz yo de sacar algo bueno de ahí?
¿Sería capaz?, en dos palabras con dos ENORMES signos de interrogación.

Algo de mí

Mi foto
Vitacura, Santiago de Chile, Chile
Mujer, hija, esposa, madre, y como consecuencia, ahora soy abuela de Sofía,Isabel y Juanito, por el momento, mientras llegan los demás que están en la mente de Dios. Tengo 5 hijos, uno de ellos es sacerdote católico. Una bendición inmerecida. Mi apodo bloguero de AleMamá se lo debo a mi yerno. Para distinguirme de su esposa llamada como yo (y no por culpa mía) comenzó a llamarme así. Muchos me lo escriben como "Alemana", pero no, se trata de Ale, como apócope de Alejandra, y mamá por el mejor papel que la vida me ha dado, el de esposa y madre. Soy chilena, católica, y con la cultura occidental muy metida en el alma. Me interesa la tecnología y la ciencia al servicio del hombre, considerando la Ley de Dios siempre, siempre, siempre.

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