
La delincuencia llegó para quedarse, me estoy convenciendo. Llegó amparada en leyes que no tocan ni de lejos a los que viven injustamente del esfuerzo y los pulmones ajenos.
Anoche quedó claro que mi familia no está inmune: dos jóvenes de su misma edad aproximadamente, asaltaron a mi hijo y un amigo en plena avenida Las Condes, cerca del Cantagallo y hemos pasado a ser parte de las estadística de chilenos con miedo, que nos hemos comenzado a atrincherar dentro de nuestras casas y a poner rejas nosotros, ya que la delincuencia que debiera estar tras ellas goza de impunidad y ocupan los espacios que debieran ocupar las familias y gente honrada.
Mi chico, que acaba de cumplir 19, iba caminando por esa gran avenida, iluminada, a pasos de las casas de sus amigos, cerca de su colegio, de los centros comerciales que frecuentan, de su universidad, etc, cuando desde las sombras al lado de la vereda salieron dos "malandras" que los amenazaron con dispararles si no los acompañaban a subir la pasarela peatonal frente a la Universidad del Desarrollo. No les quedó otra cosa que obedecer. ¿Estaban verdaderamente armados? nadie quiere averiguarlo con un forado en el pellejo. Felipe tampoco, por lo que obedeció mientras lo autos pasaban por su lado como de costumbre. No se notaba nada raro en un grupo de 4 "amigos" de igual edad.
Al llegar arriba, los revisaron y al otro chico no le quitaron nada por una sencilla razón: hacía menos de un mes que ya lo había "cogoteado" por ahí cerca y ya no tenía celular, ni documentos, ni dinero....además andaba vestido con ropa de poco valor en lo que a marcas se refiere, pero mi niño aún estaba invicto y le quitaron de un modo grosero su celular nuevo (regalo de cumpleaños nuestro, con 4 días de uso) con todos sus contactos, su música y las fotos de sus amigos. Le revisaron la billetera y le sacaron la poca plata que tenía ($1.500, unos 2 euro aprox, ¡nada!) lo desvistieron y le quitaron la ropa de abrigo, o sea su chaqueta (parka) favorita y su chaleco regalón con rayas azules y negras. No conformes con quedarse con lo ajeno, al revisar la billetera iban tirando al suelo los papeles que allí había dicendo: _"Esto no "los" gusta"_ y después, como un detalle de exquisito refinamiento, para humillar, lo hacían recogerlos con sus órdenes de _"¡Recógelo, poh!"_. Para concluír, los ladrones les advirtieron que no se movieran hasta que ellos les silvaran. Así lo hicieron, como si fueran unos perritos.
Bajaron, el amigo le prestó uno de sus chalecos mientras se quedaba con la de dentro y fueron a pedir a Raimundo que vive a dos cuadras que por favor los transportara de regreso a casa.Llegó choqueado, tiritando de frío e impotencia, asustado, enojado e incrédulo de que esas cosas no fueran sólo aprehensiones de sus viejos.
Yo espero que ya que sólo se perdió lo material sea un aviso de ser más cuidadoso en el futuro, pero tampoco quiero que sea un ser pusilánime atemorizado de todo, cosa que lentamente se está instalando en nuestras sociedades enfermas.
