Tengo una hermana paisajista que se dedica a las mantenciones de jardines de todos portes y tipos. Es una ardua labor que le significa moverse toda la semana en un circuito interminable. Los jardines no caminan y Mahoma debe ir a la montaña, por eso su vehículo es una herramienta muy importante, y está estropeado, y ya va para la segunda semana sin moverse de mi estacionamiento.
Mi hermano menor le ha prestado su camioneta las veces que la ha necesitado, y yo la movilizaba cuando le robaron la primera que tuvo. Jamás la recuperó pero ha podido salir adelante comprando una nueva, gracias a Dios.
Ahora no ha podido tener el auxilio del benjamín de la familia pues se llevó el vehículo en sus vacaciones en el sur de Chile, y ella quedó muy desvalida porque las máquinas de su trabajo son grandes, pero ahí estamos, arrimando el hombro entre todos, porque de otro modo perderá sus clientes. Dicen que mañana se solucionaría el problema. "Que Dios nos oiga y el diablo se haga el sordo", como dice mi madre.
Ella, como se queda en Santiago todo el verano, es la que nos cuida las mascotas, riega el jardín de mi hermano (aún no tiene instalado el riego automático), nos recoge la correspondencia para que no se vea deshabitado, y es la encargada de acudir a las llamadaas de las empresas de alarmas en caso de algo anormal. Es todo un aporte, una vigilante y cooperadora. No tiene precio su ayuda y desde acá quiero reconocérselo.
Esto me ha hecho recordar la cita bíblica "El hermano ayudado por su hermano es fuerte como una ciudad amurallada" del Libro de los Proverbios. Creo que en nuestra familia se cumple en muchas circunstancias y me enorgullece que así sea.