Sus seis hijos esperaban con ilusión un regalo esa navidad. Él la esperaba con angustia por la falta de trabajo. Su negocio no marchaba, pero las deudas llegaban puntualmente en forma de cartas de todos colores. Parecía otoño con sus hojas caídas.
Unos días antes de Nochebuena consiguió una carga de pinos reales para ser vendidos como arbolitos de navidad en la capital, a unos 300 kilómetros de su hogar. Se suponía que pagarían mejor por algo natural.
Partió en un viejo camión remendado, lleno de proyectos para los niños y siguió todo el camino preocupado de que el cacharro no fallara; revisar los neumáticos, controlar la temperatura del agua, cuidar de que no le pasaran un parte por algún detalle legal, y mil cosas más. No fue suficiente. El camión decidió echarse y no andar más y por estar tan cerca las fiestas en el poblacho donde se detuvo no era posible conseguir ayuda.
Hasta ahí llegó el viaje. Los pinos sufrían por el calor de diciembre y era un pequeño pero importante capital invertido. Había que cuidarlos y tratar de salvar la plata e intentar llegar a casa con buenas noticias antes del 24. Hizo de todo para lograr los objetivos, pero sólo pudo vender unos pocos al costo o menos. Ya desesperaba de impaciencia, pero no era lo peor.
Todo esfuerzo resultó en vano. Debió dormir debajo del vehículo, sólo y triste, pensando en su familia que ya no tendría la fiesta ni los regalos.
El Niño Jesús, que no ignora las verdaderas necesidades, tenía una sorpresa: una prima de su mujer, advertida de lo que pasaba, llegó esa noche en que sólo se pensaba en dormir para no pensar ni sufrir, con un cargamento de juguetes que ni soñadndo la familia podría haber adquirido tal como estaban las cosas: ¡triciclos para el más chico!, ¡auto a pedales para el mayorcito!, pelota de fútbol -de verdad- para otro, y para las niñitas mayores un anhelado diario de vida, muy importante a los 14 años, y otras cosas por el estilo, pequeñas pero bien elegidas.
Junto con los regalos llegó una cena completa para todos, y la única gran pena fue que el papá no lo supo a tiempo y pasó la Navidad más triste de su vida.