La vida sigue fluyendo, y doy gracias por ello, pues de haber nacido en otro tiempo o lugar, ya no existiría. A los nueve años perdí un riñón en un día de santa Marta, como hoy, y he tenido una vida tan normal como la de cualquiera.
He pasado barreras, pronto seré abuela ¡y pensar que hubo quién pensó que jamás sería madre!
Se han puesto muchos soles de muchos días; muchas horas de latires sin descanso; mucho aire ha hinchado mis pulmones; he amado y he sido amada en abundancia. He encontrado a Dios cuando lo había dejado (¿o más bien me buscó Él?) .
He vivido.
Ahora están llegando otros que marcarán un nuevo hito en mi camino: los hijos de mis hijos; Sofía verá la luz en septiembre, con la primavera, y mi niet@ alemán abrirá los ojitos en el duro invierno boreal, en enero. Ambos llegan en el otoño de mi vida, trayendo savia nueva.
Avanza la vida, como debe ser, mientras la observo seguir el curso de las generaciones.
¡Que la utilicen bien!
¡Que la utilicen bien!








