Hay situaciones que me caen MUY mal, como a todo el mundo le pasa con diferentes cosas, supongo. Pienso que lo que me ha caído como "puntapié en el estómago" hoy es algo de fácil solución con buenas maneras y voluntad. Es que verme enfrentada a una cortina de condones sobre mi cabeza cuando debo comprar mis remedios, o, simplemente al pasar por las cajas del supermercado, es algo que me subleva, más aún si voy acompañada por mis hijos y/o sus amigos, como ya me ha tocado.
Ya sé que para algunos es una demostración de madurez cívica el que no sea tema tabú la existencia y promoción de los plastiquitos a que hago referencia, pero no a todos nos parece que algo tan íntimo como una relación genital sea algo para exibir en público. Perdón por la crudeza al llamarla así, que amor o romanticismo no son por la desconfianza por un lado y por la separación que de hecho hace entre dos que debieran amarse con todo lo que son y poseen, incluído el don de la fertilidad.
Es chocante tener que soportar que mis hijos adolescentes deban pasar entre las cajas de preservativos en unos expendedores como de cigarros, con la diferencia que los cigarros están demonizados y los otros serían la panacea para cualquier cosa que impida el uso y abuso de la sexualidad humana. ¡¡¡PROTESTO!!!
Si es tan lógico, ¿por qué no hacen lo mismo con los tampones femeninos o con las bolsitas para la incontinencia?
Conste que no le niego a nadie el derecho a usar estos accesorios en sus asuntos interpersonales, pero ¡caramba!, háganlo en privado, como todo lo íntimo requiere.
Ya sé que para algunos es una demostración de madurez cívica el que no sea tema tabú la existencia y promoción de los plastiquitos a que hago referencia, pero no a todos nos parece que algo tan íntimo como una relación genital sea algo para exibir en público. Perdón por la crudeza al llamarla así, que amor o romanticismo no son por la desconfianza por un lado y por la separación que de hecho hace entre dos que debieran amarse con todo lo que son y poseen, incluído el don de la fertilidad.
Es chocante tener que soportar que mis hijos adolescentes deban pasar entre las cajas de preservativos en unos expendedores como de cigarros, con la diferencia que los cigarros están demonizados y los otros serían la panacea para cualquier cosa que impida el uso y abuso de la sexualidad humana. ¡¡¡PROTESTO!!!
Si es tan lógico, ¿por qué no hacen lo mismo con los tampones femeninos o con las bolsitas para la incontinencia?
Conste que no le niego a nadie el derecho a usar estos accesorios en sus asuntos interpersonales, pero ¡caramba!, háganlo en privado, como todo lo íntimo requiere.

















