Reporté que había llovido y nevado. También he dejado constancia de la primavera demasiado coqueta que hemos tenido el 2010, y tengo razón, porque para mañana se esperan 33 grados. No está mal para una nave espacial, ¿cierto? pero Santiago no lo es.
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Anoche tembló, y el epicentro fue frente a Santiago, en Santo Domingo, y el grado fue 5,3 de Richter, pero casi nadie dice haberlo sentido, salvo yo, que creo que lo soñé porque recuerdo un raro sueño en que al comedor de una casa en que hace años no vivimos se le hundía el piso cuando se pisaba, como que se caía uno por un desnivel sobre un foso que había debajo. Menos mal que no desperté del todo. Me asustan los temblores, más por el ruido que por el movimiento.
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Tenemos un feriado largo por Todos los Santos del 1º de noviembre, pero no hemos hecho nada especial. Casi nunca hacemos nada que salga de lo común, y me sorprendo a mi misma pensando en que en realidad lo que me gusta es estar en mi casa, no me apetece salir en paseos por el día, por ejemplo. No sé si será bueno o malo, pero así soy. Algo se me ha pegado de las preferencias de mi marido, que para él su paraíso es estar en casa arreglando algo. Hoy fue la chapa eléctrica que debíamos abrir con las llaves.
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Cada año Halloween se va notando más y más. Hoy hubo mucho ruido de niños en la calle. Es una fiesta exótica de dudosa procedencia, pero va prendiendo. ¿Qué tenemos que ver con aquelarres y horrores del más allá? El cristianismo lo había superado y ahora vuelve de la mano de los fabricantes de disfraces y caramelos.















